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La Primavera de Praga y su impacto en La Habana: Un testigo recuerda la época dorada de la cultura checoslovaca en Cuba

La Primavera de Praga y su impacto en La Habana: Un testigo recuerda la época dorada de la cultura checoslovaca en Cuba

En un nostálgico viaje al pasado, el autor nos transporta a la Cuba de los años 60, cuando la influencia de la cultura checoslovaca se hizo sentir con fuerza en La Habana. En aquella época, la capital cubana se vio inundada por una brisa fría que contrastaba con el calor del verano, y la presencia de la cultura checa se hizo palpable en diversos ámbitos.

En el cine, se proyectaban películas como "Vals para un millón", que narraba la historia de amor de dos jóvenes praguenses testigos de la Primavera de Praga. En las librerías, llegaban los breviarios del Fondo de Cultura Económica y los cuadernos de la editorial Joaquín Mortiz de México, que difundían las obras de autores como Nabokov, Carpentier, Fuentes y Vargas Llosa, entre otros.

La Casa de la Cultura Checa se convirtió en un refugio para poetas, músicos, escritores, pintores y estudiantes, quienes disfrutaban de un ambiente cultural aún sin la censura que vendría después. Allí se vendían discos de rock y jazz, se programaban conciertos y se ofrecían funciones de cine, permitiendo a los cubanos conocer más sobre la cultura checoslovaca.

Sin embargo, la Primavera de Praga y el intento de edificar un "socialismo con rostro humano" liderado por Alexander Dub ek, terminaron abruptamente cuando, en la medianoche del 20 de agosto de 1968, tropas soviéticas invadieron Checoslovaquia. Este hecho causó gran conmoción en Cuba, y el discurso de Fidel Castro en apoyo a la intervención soviética fue objeto de estudio y aprobación en las aulas universitarias.

A partir de entonces, las películas de directores checos como Jan Kadár, Milos Forman, Vera Chytilová, Jiri Menzel y Jaromil Jires desaparecieron de las carteleras cubanas, y la Casa de la Cultura Checa fue clausurada, con dos militares haciendo guardia en sus instalaciones.

El autor concluye su relato evocando la figura de Milan Kundera y su obra, que lo transportan a esa Habana de los años 60, cuando la cultura checoslovaca floreció en la isla, antes de ser abruptamente truncada por la intervención soviética.

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