La administración del presidente estadounidense Donald Trump ha dado un paso significativo en su estrategia hacia Venezuela, al enviar personal diplomático y de seguridad a Caracas para preparar la reapertura de la embajada de Estados Unidos en el país.
Este movimiento se produce después de que Trump afirmara el pasado 4 de enero que su gobierno estaba evaluando la posibilidad de reabrir la embajada, luego de la captura del presidente venezolano Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores.
Fuentes oficiales han confirmado que un grupo de diplomáticos y agentes de seguridad han llegado a la capital venezolana para iniciar los preparativos necesarios para la reapertura de la representación diplomática estadounidense, cerrada desde 2019 debido a la crisis política y social que azota al país.
La decisión de reabrir la embajada en Caracas se enmarca en la estrategia de la Casa Blanca para lidiar con el régimen de Maduro, al que Washington no reconoce como el legítimo presidente de Venezuela. Desde 2019, Estados Unidos ha mantenido relaciones diplomáticas con el gobierno interino liderado por Juan Guaidó, a quien considera el mandatario legítimo.
La captura de Maduro y Flores, ocurrida en una operación conjunta entre fuerzas de seguridad venezolanas y estadounidenses, ha sido un duro golpe para el régimen chavista y abre la puerta a un posible cambio de rumbo en la política exterior de Washington hacia Venezuela.
Analistas consideran que la reapertura de la embajada podría facilitar una transición política en el país, al permitir una mayor interacción y coordinación entre ambos gobiernos. Sin embargo, advierten que el proceso no estará exento de desafíos y tensiones, dada la compleja situación interna de Venezuela.









