El 3 de enero, las fuerzas militares estadounidenses lanzaron un ataque contra Venezuela que tuvo como objetivo principal instalaciones militares y de comunicaciones, pero también impactó edificios civiles, dejando un saldo de al menos 100 muertos, entre ellos civiles.
Uno de los edificios afectados fue el Bloque 12, un antiguo edificio ubicado cerca de una base militar en Catia La Mar, estado de La Guaira. Wilman González, un electricista de 54 años que vivía en el lugar, recuerda con horror cómo el proyectil cayó en su departamento, lanzándolo contra la pared. Su tía Rosa, de 79 años, no tuvo la misma suerte y falleció tras quedar atrapada bajo una lavadora que voló por la onda expansiva.
Otros vecinos, como Jorge Cardona, de 70 años, y Jesús Linares, de 48, también sobrevivieron de milagro al ataque. Linares, un coronel de bomberos, logró rescatar a una vecina herida y poner a salvo a su hija de 16 años y a su madre de 85.
Ahora, los sobrevivientes se encuentran alojados en casas de familiares, mientras colaboran en las tareas de reconstrucción del Bloque 12, que quedó prácticamente destruido. Muchos aún no pueden creer lo que les tocó vivir y lamentan la pérdida de vidas inocentes.
El ataque, ordenado por el presidente Donald Trump, tuvo como objetivo capturar al presidente venezolano Nicolás Maduro, quien ahora se encuentra detenido en una cárcel de Nueva York acusado por cargos relacionados con narcoterrorismo. La presidenta interina del país, Delcy Rodríguez, ha asumido el mando bajo la tutela de Estados Unidos.
Este bombardeo ha dejado a los venezolanos en una encrucijada, pues si bien muchos no querían a Maduro, tampoco aceptan la intervención de Trump. "Es como si un villano te salvara de otro villano", afirma uno de los sobrevivientes.
La tragedia del Bloque 12 es un reflejo del alto costo humano y material que ha dejado este conflicto, y una muestra del sufrimiento que enfrentan los civiles atrapados en medio de la disputa geopolítica entre Venezuela y Estados Unidos.










