Luego de meses de tensión y amenazas de intervención militar, el expresidente Donald Trump ha decidido cancelar una segunda ola de ataques a Venezuela, según informaron fuentes de la Casa Blanca. Esta decisión se produce tras la liberación de varios presos políticos por parte del gobierno de Nicolás Maduro, un gesto que ha sido interpretado como un intento de distensionar las relaciones con Estados Unidos.
La Casa Blanca ha confirmado que, si bien mantendrán una presencia militar en la región, el foco principal ahora será impulsar inversiones privadas para modernizar la infraestructura petrolera venezolana. "Creemos que este es un momento oportuno para avanzar en una solución negociada que beneficie al pueblo venezolano", declaró un alto funcionario del Departamento de Estado.
La decisión de Trump se produce en un contexto de creciente presión internacional sobre el gobierno de Maduro, quien enfrenta acusaciones de violaciones a los derechos humanos y fraude electoral. Sin embargo, analistas señalan que la liberación de presos políticos podría ser una señal de la voluntad de Maduro de buscar un acercamiento con Washington, especialmente en un momento en que la economía venezolana se encuentra en una profunda crisis.
"Es un gesto importante que no debemos desestimar. Maduro está buscando aliviar la presión y conseguir un respiro económico. Ahora la pelota está en la cancha de Estados Unidos", comentó una fuente diplomática familiarizada con las negociaciones.
Por su parte, la oposición venezolana ha reaccionado con cautela a la noticia, instando al gobierno de Biden a mantener la presión y condicionar cualquier alivio de sanciones a avances concretos en materia de derechos humanos y democracia. "No podemos bajar la guardia. Necesitamos garantías reales de que Maduro está dispuesto a un verdadero proceso de transición", señaló un portavoz de la coalición opositora.
En Washington, la decisión de Trump ha sido recibida con una mezcla de alivio y escepticismo. Algunos legisladores republicanos han cuestionado el "giro apresurado" en la política hacia Venezuela, mientras que sectores demócratas han aplaudido la postura de buscar una solución negociada.
"Claramente, Trump está buscando un legado de política exterior en sus últimos días en el cargo. Pero no podemos olvidar la gravedad de la crisis venezolana ni los abusos del régimen de Maduro. Cualquier acercamiento debe estar condicionado a cambios reales", afirmó un senador demócrata.












