En diciembre de 1989, Estados Unidos invadió Panamá bajo el pretexto de capturar al entonces dictador Manuel Noriega, acusado de narcotráfico. Aquella acción militar, que dejó cientos de víctimas civiles, marcó un hito en la historia de las relaciones entre Estados Unidos y América Latina. Ahora, 26 años después, la autora Marlene Vázquez Pérez reflexiona sobre cómo el guion parece volver a repetirse, con "las lógicas diferencias de actores y circunstancias, pero los pretextos esgrimidos son casi los mismos".
La invasión de 1989, conocida como "Operación Causa Justa", fue una acción militar liderada por Estados Unidos que tuvo como objetivo principal la captura del general Manuel Noriega, entonces líder de facto de Panamá. Noriega, quien había sido considerado durante años un aliado estratégico de Washington, había caído en desgracia tras ser acusado de narcotráfico y lavado de dinero.
La operación, que se saldó con la muerte de cientos de civiles panameños, fue ampliamente criticada a nivel internacional por la violación de la soberanía de Panamá. Vázquez Pérez recuerda que en aquel entonces, "el ametrallamiento de la población civil en las zonas populosas del Chorrillo, los bombardeos y combates, el arresto de Noriega, y la destrucción de un pueblo hermano" fueron seguidos con angustia por la televisión cubana.
Ahora, la autora señala que "el guion vuelve a repetirse, con las lógicas diferencias de actores y circunstancias, pero los pretextos esgrimidos son casi los mismos, y el tono amenazante rebasa los límites del país agredido injustamente para extenderse a toda Nuestra América, con el cinismo y la naturalidad del que se refiere a su patio trasero".
En efecto, las recientes tensiones entre Estados Unidos y Venezuela, con amenazas de intervención militar por parte de Washington, han despertado fuertes reacciones en la región. Vázquez Pérez advierte que "Otra vez el gendarme mundial se arroga el derecho de violentar a un país soberano y secuestrar a su presidente, pisoteando todas las normas del derecho internacional, y sin un solo argumento convincente".
La autora hace un llamado a los latinoamericanos que residen en Estados Unidos a que, en lugar de "ponderar el ataque directo, la guerra de rapiña, contra un pueblo soberano", ejerzan su "determinación y la capacidad de contribuir a que se la estime por sus méritos, y se la respete por sus sacrificios". Cita para ello las palabras de José Martí, quien en 1889 instaba a los emigrados a servir y honrar a "Nuestra América" desde el destierro.
En un momento en que la retórica belicista vuelve a dominar el discurso político, el texto de Vázquez Pérez resuena como un llamado a la cordura y al respeto de la soberanía de los pueblos latinoamericanos. "Salvar a Venezuela es salvar a nuestra América, a la Humanidad, y a todos los pueblos que han apostado por la paz, la soberanía y la justicia", concluye.












