El sur del Perú, conformado por regiones como Puno, Cusco, Tacna, Arequipa, Moquegua y Apurímac, se ha consolidado como una zona clave en las últimas elecciones presidenciales del país. Con un peso electoral significativo y una marcada tendencia hacia la izquierda y el rechazo al centralismo de Lima, el voto del sur ha sido determinante para definir los resultados finales.
En las elecciones del 2011, el candidato de izquierda Ollanta Humala obtuvo una amplia victoria en el sur, logrando 1,284,361 votos, frente a 369,944 de Pedro Pablo Kuczynski y 303,036 de Keiko Fujimori. Esa diferencia de más de un millón de votos a favor de Humala fue clave para que lograra imponerse en la segunda vuelta a nivel nacional.
Cuatro años después, en 2016, la tendencia se mantuvo, con Verónika Mendoza obteniendo 893,245 votos en el sur, seguida por Kuczynski con 385,068 y Alfredo Barnechea con 207,359. Si bien Kuczynski y Fujimori pasaron a la segunda vuelta, la diferencia de más de 700,000 votos a favor del primero en el sur fue fundamental para su estrecho triunfo a nivel nacional.
Finalmente, en las elecciones de 2021, el fenómeno se repitió. Pedro Castillo, el candidato de izquierda, obtuvo una sorprendente victoria en el sur, con 2,223,506 votos, más del triple que los 631,207 de Keiko Fujimori. Esa diferencia de casi 1.6 millones de votos en el sur resultó decisiva para que Castillo se impusiera a nivel nacional por apenas 44,263 sufragios.
Según el analista César Campos, este fenómeno del "voto antilimeño" en el sur se debe más a un rechazo al centralismo de la capital que a una definición ideológica. "La gente de Puno y Cusco, mayoritariamente lo que hacen es despreciar cualquier indicador que venga de la capital", señala.
De cara a las próximas elecciones, los candidatos deberán diseñar estrategias específicas para conquistar el voto del sur, que se ha consolidado como una pieza clave para acceder a la Presidencia de la República. Ignorar esta realidad podría ser un error fatal para cualquier aspirante.











