El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha ordenado oficialmente la retirada del país de más de 50 organizaciones internacionales, entre ellas múltiples agencias y mecanismos del sistema de las Naciones Unidas. La decisión fue formalizada mediante una serie de decretos ejecutivos que citan que la permanencia y financiamiento de estos organismos van en contra de los intereses nacionales estadounidenses.
La medida, que supone un duro golpe al multilateralismo y la cooperación global, incluye la salida de instituciones clave como la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), el Consejo de Derechos Humanos de la ONU y diversos programas y fondos de la ONU relacionados con el desarrollo, el medioambiente y los refugiados, entre otros.
La Casa Blanca justificó la decisión argumentando que estos organismos "malgastan fondos estadounidenses, promueven agendas globales en contra de los intereses de Estados Unidos y socavan su soberanía". Trump ha sido un crítico recurrente del papel de la ONU y otras instituciones multilaterales, a las que acusa de ser ineficientes y de no servir adecuadamente a los intereses de Washington.
La retirada de Estados Unidos de estos organismos tendrá un fuerte impacto político, económico y operativo, ya que Washington es el mayor contribuyente financiero de muchas de estas entidades. Expertos advierten que la medida debilitará gravemente la capacidad de la comunidad internacional para abordar desafíos globales como pandemias, cambio climático, conflictos y desarrollo sostenible.
La decisión se enmarca en la política exterior "America First" impulsada por Trump, que ha priorizado el unilateralismo y el rechazo a los acuerdos y organismos multilaterales. Durante su mandato, Estados Unidos también se ha retirado de acuerdos clave como el Pacto Mundial sobre Migración, el Acuerdo de París sobre el Clima y el Plan de Acción Integral Conjunto (JCPOA) con Irán.
Los aliados tradicionales de Estados Unidos, como la Unión Europea y Canadá, han criticado duramente la medida, calificándola de "miope" y "contraproducente" para los intereses a largo plazo de Washington. Organismos como la ONU y la OMS han lamentado la decisión y han hecho un llamamiento a Estados Unidos para que reconsidere su postura y siga comprometido con el multilateralismo.











