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La computación cuántica, el nuevo desafío de la inteligencia artificial

La computación cuántica, el nuevo desafío de la inteligencia artificial

A medida que avanzamos hacia el 2026, la inteligencia artificial (IA) sigue siendo un campo en constante evolución, con debates sobre sus alcances, límites e impactos en el mundo laboral. Sin embargo, un nuevo desafío se perfila en el horizonte: la computación cuántica.

La computación cuántica, que dejó de ser una promesa futurista para convertirse en una realidad tecnológica, está comenzando a reconfigurar el entorno en el que la inteligencia artificial se desarrolla. Mientras que los modelos de IA actuales dependen cada vez más de arquitecturas clásicas llevadas al límite, la computación cuántica promete una alternativa más eficiente en términos energéticos y económicos.

Según informes recientes, el entrenamiento de modelos de IA de vanguardia, como GPT-4 y Gemini Ultra, ha implicado gastos de cómputo estimados en decenas y cientos de millones de dólares. Esto evidencia una creciente concentración de capacidades técnicas y económicas en un número reducido de actores, lo que plantea interrogantes sobre la apertura y la sustentabilidad del ecosistema tecnológico.

La diferencia entre la computación clásica y la computación cuántica es fundamental. Mientras que la primera opera con bits que solo pueden adoptar uno de dos estados posibles (0 o 1), la computación cuántica trabaja en un estado previo, cuando la información aún no se ha definido. Este cambio de paradigma puede tener un impacto significativo en la forma en que la inteligencia artificial opera y se desarrolla.

Además, la transición hacia esquemas criptográficos post-cuánticos se convierte en una prioridad, ya que la posibilidad de que algoritmos cuánticos comprometan los sistemas de seguridad actuales no es una hipótesis lejana. Esto implica una decisión estratégica que afecta la seguridad jurídica, la protección de datos personales y la confianza institucional.

En este nuevo escenario, la inteligencia artificial puede ser tanto una herramienta de defensa como de ataque. Puede fortalecer sistemas de protección, pero también acelerar su obsolescencia. Esto obliga a repensar los marcos de gobernanza existentes, ya que la tecnología deja de ser neutral y se convierte en un factor de poder.

Argentina ha dado pasos concretos en esta dirección, con iniciativas como el desarrollo de procesadores cuánticos superconductores en el Centro Atómico Bariloche, la consolidación de la red federal QUBIT.AR y la integración del sistema científico local a infraestructuras internacionales de computación cuántica.

Pensar la inteligencia artificial en el umbral cuántico implica aceptar que el cambio ya está en marcha. El modelo que sostuvo el desarrollo tecnológico de la última década comienza a agotarse, y nuevas formas de computar abren interrogantes que aún no sabemos responder por completo. Pero una cosa es segura: cuando el colapso ocurra, no habrá marcha atrás posible, y la forma que adopte ese mundo dependerá, en gran medida, de las decisiones que tomemos en el presente.

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