La muerte de Renee Nicole Good, una mujer de 37 años a manos de un agente federal de inmigración en Mineápolis, ha desatado una ola de protestas a nivel nacional. El vicepresidente JD Vance y la secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, han salido en defensa del agente, afirmando que la mujer usó su vehículo como "arma" y que el oficial actuó para "protegerse a sí mismo y a sus compañeros".
Sin embargo, el exesposo de Good contradijo esta versión, asegurando que la mujer no era una activista y que se dirigía a su casa después de dejar a su hijo en la escuela. Las autoridades de Minnesota acusaron al FBI y la Oficina del Fiscal de Estados Unidos de impedirles acceder a la evidencia, lo que les impide llevar a cabo una investigación adecuada.
Las protestas se han extendido a otras grandes ciudades del país, como Nueva York y Washington, donde los manifestantes han exigido justicia y condenado el despliegue de agentes federales impulsado por la administración Trump, especialmente en ciudades gobernadas por demócratas.
El gobernador de Minnesota, Tim Walz, declaró el estado de emergencia y pidió a la Guardia Nacional prepararse para hacer frente a las manifestaciones. Los colegios públicos de la ciudad también han cancelado las clases por seguridad.
Esta trágica muerte ha puesto de manifiesto las tensiones entre las autoridades federales y locales, así como la creciente preocupación por el uso excesivo de la fuerza por parte de los agentes de inmigración. La investigación de los hechos y la rendición de cuentas serán fundamentales para calmar los ánimos y evitar que la situación se agrave aún más.










