El gobierno de Estados Unidos, bajo la administración de Donald Trump, ha promovido una nueva guía alimentaria que incentiva a los ciudadanos a evitar los alimentos altamente procesados y los azúcares añadidos, mientras fomenta el consumo de carne roja y lácteos. Esta nueva directriz choca con las recomendaciones previas de numerosos expertos en nutrición.
La Secretaría de Agricultura y la Secretaría de Salud y Servicios Humanos de Estados Unidos presentaron el miércoles las nuevas pautas dietéticas para el país, que tendrán vigencia durante los próximos cinco años. Uno de los cambios más notorios es la mayor promoción del consumo de carnes rojas y productos lácteos, alimentos que habían sido desaconsejados anteriormente por su alto contenido en grasas saturadas y colesterol.
"Queremos que los estadounidenses tengan una dieta saludable, pero también que disfruten de los alimentos que les gustan", declaró el secretario de Agricultura, Sonny Perdue, durante la presentación de las nuevas recomendaciones.
Según el nuevo informe, los adultos deberían consumir entre 5.5 y 6 onzas (entre 156 y 170 gramos) de carne roja, aves de corral y productos lácteos por día. Esta cifra representa un aumento significativo con respecto a las guías anteriores, que sugerían limitar el consumo de estos alimentos.
Por otro lado, el documento pide reducir drásticamente el consumo de azúcares añadidos, que no deberían superar las 50 calorías diarias (unas 12 gramos). Esto implica evitar bebidas azucaradas, postres, y alimentos procesados con alto contenido de azúcar.
"Estamos dando un giro hacia una dieta más equilibrada, que tenga en cuenta los últimos avances científicos", afirmó la secretaria de Salud y Servicios Humanos, Alex Azar. "Queremos que los estadounidenses disfruten de una alimentación saludable que les aporte todos los nutrientes esenciales".
Las nuevas recomendaciones han generado controversia entre expertos en nutrición, ya que contradicen décadas de consejos sobre una dieta saludable. Muchos nutricionistas advierten que el exceso de carne roja y productos lácteos puede aumentar el riesgo de enfermedades cardiovasculares y ciertos tipos de cáncer.
"Es preocupante ver cómo se prioriza el placer y el sabor por encima de la salud pública", señaló la dietista Bonnie Liebman, directora de políticas de nutrición del Centro para la Ciencia en el Interés Público. "Estas guías envían un mensaje equivocado a la población".
Por su parte, la industria cárnica y láctea celebró el cambio de rumbo en las recomendaciones gubernamentales. "Estamos encantados de ver que se reconoce el papel esencial de los productos lácteos y la carne en una dieta saludable", afirmó el presidente de la Asociación Nacional de Lácteos.
Pese a la controversia, el Gobierno defiende que las nuevas pautas se basan en la evidencia científica más reciente y en las preferencias de los consumidores. Aunque algunos expertos discrepan, el Ejecutivo confía en que esta dieta más "placentera" ayudará a los estadounidenses a adoptar hábitos alimentarios más saludables a largo plazo.










