El deterioro cognitivo puede manifestarse de forma gradual o repentina, y los primeros síntomas a menudo pasan desapercibidos en la vida cotidiana. Sin embargo, reconocer estos indicios a tiempo es fundamental para intervenir y prevenir un mayor deterioro.
Según un análisis publicado por The Telegraph, los cambios en el funcionamiento del lóbulo frontal, una región cerebral clave para las funciones ejecutivas, están detrás de estos primeros signos de alerta. El Dr. Ben Parris, profesor de cognición y neurociencia cognitiva en la Universidad de Bournemouth, advierte que identificar estos síntomas a tiempo permite tomar medidas preventivas.
El lóbulo frontal, ubicado detrás de la frente, concentra habilidades esenciales como la planificación, la organización de ideas, el mantenimiento de la atención y la regulación del lenguaje. A medida que envejecemos, esta zona tiende a reducirse, aunque la velocidad de este proceso varía entre individuos. El deterioro del lóbulo frontal no equivale a la demencia, pero ciertas enfermedades neurodegenerativas pueden acelerarlo.
El experto señaló que existen personas mayores de 60 años que conservan esta región en buen estado, y que lo crucial es detectar los cambios a tiempo y comprender qué capacidades comienzan a fallar. A partir de su experiencia, Parris identificó cinco señales tempranas que permiten reconocer un deterioro cognitivo incipiente:
1. Pérdida de flexibilidad cognitiva: La dificultad para alternar entre tareas sin perder el foco, como cocinar y conversar simultáneamente, puede ser un indicio inicial.
2. Omisión de palabras en oraciones: La frecuencia de estas omisiones puede señalar un fallo en la inhibición de la respuesta, una función que permite bloquear información irrelevante.
3. Mezcla de palabras relacionadas: Al intentar decir una palabra, pueden surgir términos vinculados, pero cada vez más distantes del concepto original, lo que refleja problemas en la inhibición de la respuesta y el control del lenguaje.
4. Olvidos frecuentes: Olvidar elementos esenciales, como la billetera al ir al supermercado, puede indicar un problema en la memoria de trabajo, responsable de retener y manipular información a corto plazo.
5. Desorientación en entornos conocidos: Recorrer de manera repetida los mismos pasillos o perder de vista qué productos se necesitan comprar constituye una forma de desorientación, vinculada a un deterioro conjunto de la memoria a corto plazo y la memoria espacial.
El Dr. Parris recomienda consultar al médico de cabecera si estos síntomas afectan la vida diaria o se agravan con el tiempo, incluso si la persona no percibe el problema (anosognosia). Las evaluaciones incluyen pruebas de memoria y estudios por imágenes para detectar la reducción del lóbulo frontal o lesiones asociadas a otras patologías.
En cuanto a la prevención, el experto señala que una dieta saludable, el ejercicio físico, un menor consumo de alcohol, la estimulación mental, la socialización y el contacto con la naturaleza se asocian con una mejor salud cognitiva y un ritmo más lento de deterioro. Estos hábitos pueden marcar la diferencia en la calidad de vida y la autonomía en la vejez.












