El Congreso Nacional de Honduras enfrenta un momento decisivo en su composición para el período 2026-2030, donde se pone a prueba la capacidad del sistema político para cerrar las brechas de género y avanzar hacia una democracia verdaderamente representativa. A pesar del aumento moderado en el número de diputadas, que pasó de 27 en 2017 a 36 en 2025, la posibilidad de que una mujer presida el Congreso no se plantea en los espacios mediáticos ni en los análisis políticos.
Las mujeres hondureñas han demostrado su capacidad para gobernar, dialogar, construir consensos y defender los intereses del pueblo. De hecho, dos mujeres ocupan actualmente la titularidad de poderes del Estado. Sin embargo, la paridad real aún está distante, y el desafío ahora es que el sistema político garantice igualdad efectiva de oportunidades.
El tripartidismo -Nacional, Liberal y Libre- tiene mujeres verdaderamente capaces para ocupar la silla del titular del Parlamento, pero la historia democrática reciente demuestra que este derecho prácticamente lo tiene reservado el partido que ganó la Presidencia. En esta ocasión, se menciona el nombre de Iroshka Elvir (PL) como posible conductora del Congreso, pero su partido no ganó las elecciones generales de 2025, por lo que todo apunta a que será el Partido Nacional el que ostentará el máximo cargo.
La defensora de derechos humanos Honorina Rodríguez valoró este resultado como "un avance relevante hacia una representación más equilibrada y justa en la toma de decisiones nacionales", pero advirtió que la paridad real aún está distante. "Las mujeres participan, se preparan y compiten; el desafío ahora es que el sistema político garantice igualdad efectiva de oportunidades", abogó.
La composición del Congreso Nacional para el período 2026-2030 refleja un total de 36 mujeres que tendrán una curul. Aunque el aumento es moderado, marca una tendencia positiva: en solo dos ciclos electorales se sumaron nueve diputadas más, al pasar de 27 en 2017 a 34 en 2021 y ahora a 36 en 2025.
Honduras vive un momento decisivo. En medio de la crisis institucional, la polarización política y la pérdida de confianza ciudadana, el país necesita liderazgos firmes, capaces, transparentes y con profunda sensibilidad social. La oportunidad histórica de que una mujer presida el Congreso Nacional se plantea, pero aún no se materializa en los espacios de poder.












