La reciente agresión e invasión a Venezuela del 3 de enero pasado ofrece desconcertantes analogías con la invasión de Panamá ocurrida exactamente 36 años atrás, el 20 de diciembre de 1989. En ambos casos, Estados Unidos utilizó falsas acusaciones de narcotráfico como pretexto para intervenir militarmente y derrocar a los líderes de esos países.
En Panamá, el general Manuel A. Noriega, jefe de Gobierno y de las Fuerzas de Defensa de Panamá (FDP), fue arrancado violentamente de su asilo en la Nunciatura del Vaticano, traicionado por el embajador español Sebastián Laboa, quien lo entregó cobardemente a las fuerzas invasoras del general Maxwell Thurman. Ahora, en un siniestro paralelismo, el 3 de enero de 2026, el presidente Nicolás Maduro, su esposa Cilia y el propio Noriega fueron secuestrados.
Según el autor, Julio Yao, a Noriega intentaron eliminarlo al menos desde 1983, cuando el almirante John Poindexter, del Consejo de Seguridad Nacional de Washington, le exigió que atacara a Nicaragua "en defensa" de Panamá, algo que Noriega se negó a hacer, sellando así su suerte.
A pesar del enorme desequilibrio de fuerzas entre las FDP y las tropas invasoras estadounidenses, que llegaron a sumar 30,000 efectivos, en Panamá se produjeron actos de extraordinario patriotismo, como el heroico y solitario marino panameño que salvó a cientos de sus camaradas en el puerto de Cristóbal. Según el ex procurador general Ramsey Clark, fallecieron entre 4,000 y 6,000 panameños, una cifra conservadora.
La ONU y la OEA solo deploraron los hechos y exigieron el retiro de las fuerzas invasoras, que instalaron y juramentaron a una junta títere en la base estadounidense de Fort Clayton, sometiéndola a su férula. Los invasores permanecieron más de un año en Panamá, sin que Panamá haya recibido reparación o condolencias por parte de Estados Unidos.
Ahora, con la agresión a Venezuela, se repite un patrón inquietante de intervención militar estadounidense, con el mismo pretexto de lucha contra el narcotráfico. El autor advierte que esta fecha del 3 de enero parece tener un carácter fatídico, y se pregunta si será un augurio de nuevos hechos violentos por venir.


