Delcy Rodríguez, la mano derecha del expresidente Nicolás Maduro, ha sido nombrada como la nueva presidenta de Venezuela. Este nombramiento ha contado con el respaldo estratégico del gobierno de Estados Unidos, que teme un levantamiento militar interno en el país.
Según fuentes cercanas a la Casa Blanca, el gobierno estadounidense temía que una transición acelerada hacia la oposición democrática liderada por María Corina Machado y Edmundo González -ganadores de las últimas elecciones de 2024- desencadenara una "cacería de opositores" por parte del Ejército chavista, cuya cúpula está inmersa en el narcoclan de Maduro, Diosdado Cabello y la propia Delcy Rodríguez.
Por este motivo, Estados Unidos ha optado por respaldar el ascenso de Delcy Rodríguez a la presidencia, a pesar de su estrecha relación con el régimen de Maduro y su participación en la narcodictadura. Fuentes internacionales aseguran que Rodríguez se encontraba en Moscú durante las horas clave de la operación estadounidense en Venezuela, manteniendo conversaciones cruzadas con Rusia y Estados Unidos.
Tras asumir la presidencia, Delcy Rodríguez condenó la intervención estadounidense en Venezuela, pero posteriormente aceptó trabajar "conjuntamente" con el gobierno de Donald Trump. El presidente estadounidense dejó claro que lo que necesitan de Rodríguez es "acceso total al petróleo y a otras cosas en el país que nos permitan reconstruirlo".
Si bien Estados Unidos es consciente de la culpabilidad e intereses de Delcy Rodríguez en la narcodictadura venezolana, parece haber optado por un enfoque pragmático, priorizando la estabilidad y el acceso a los recursos del país sobre la transición democrática inmediata. Esta estrategia, sin embargo, plantea interrogantes sobre la verdadera intención de Estados Unidos en Venezuela y la posibilidad de una verdadera transformación del régimen.












