La jornada escolar, ya sea partida o continuada, vuelve a ser un tema de intenso debate en España. Mientras que Madrid ha apostado por dividir el horario en mañana y tarde en los colegios públicos, cerca del 80% de los centros educativos en el país tienen jornada intensiva.
Familias y profesores se enfrentan una vez más sobre cuál es el mejor modelo para los alumnos. Aunque no existen estudios concluyentes sobre el impacto del tipo de jornada en el rendimiento y calificaciones de los estudiantes, algunos expertos señalan beneficios de la jornada partida para la socialización y la salud de los menores.
Por un lado, educadores inciden en que la jornada partida permite una mejor nutrición y más tiempo de recreo, lo cual favorece el desarrollo de los alumnos. Además, advierten sobre la "fatiga cognitiva" que puede generar el horario intensivo, especialmente en adolescentes.
Sin embargo, el profesorado de la enseñanza pública advierte del perjuicio que una jornada partida tendría en la organización pedagógica y en sus condiciones laborales. Recuerdan que su trabajo no se limita al tiempo en el aula y temen que una mayor carga burocrática y el empeoramiento de su salud mental se vean agravados.
En el fondo de este debate subyace la búsqueda de un mejor equilibrio entre la conciliación familiar y las necesidades de los docentes. Mientras los padres valoran un horario más amplio y flexible, los maestros también quieren poder conciliar su vida personal y profesional.
El panorama de las jornadas escolares en España es muy variado, con comunidades como Murcia, Extremadura o Canarias donde casi la totalidad de los colegios tienen jornada intensiva, mientras que en Madrid ronda el 70% y en Cataluña, País Vasco y Navarra predomina más la jornada partida. No obstante, la tendencia en los últimos años ha sido hacia la jornada continua.











