Las relaciones entre Colombia y Estados Unidos han alcanzado un punto de máxima tensión en el primer año del segundo mandato del presidente Donald Trump. Tras una serie de intercambios de improperios e insultos, Trump ha amenazado abiertamente con invadir a Colombia, lo que ha provocado una dura respuesta del presidente Gustavo Petro.
El detonante de la crisis fue el reciente secuestro del presidente venezolano Nicolás Maduro, que Petro calificó como "una clara violación del Derecho Internacional". Ante esto, Trump advirtió a Petro diciendo "que se cuide", a lo que el mandatario colombiano respondió que si tuviera que "volver a las armas, lo haría para defender la soberanía de mi país".
Petro, quien tiene un pasado guerrillero, recordó su compromiso con la democracia y los principios bolivarianos, pero sentenció que "lo hecho por Donald Trump es aberrante" y que "han destruido el Estado de Derecho a nivel mundial". Además, advirtió a los miembros de la Fuerza Pública que quien "no esté con la bandera tricolor" será excluido.
La crisis se enmarca en una campaña electoral en Colombia que define la composición del Congreso y el sucesor de Petro. El mandatario colombiano acusa a Estados Unidos, a través del secretario de Estado Marco Rubio, de intentar manipular las inversiones del Banco Interamericano de Desarrollo para financiar a la extrema derecha.
Por su parte, el expresidente Álvaro Uribe, líder de la derecha colombiana, ha respaldado abiertamente la "invasión de Estados Unidos a Venezuela". Petro lo ha rechazado rotundamente, recordando su pasado en el M-19 y su lucha por la democracia.
La tensión entre ambos países es extrema, ya que comparten una frontera de más de 2.200 kilómetros, habitada por aproximadamente 6 millones de colombo-venezolanos. Esta porosidad fronteriza es aprovechada por el crimen organizado y los grupos guerrilleros, lo que agrega aún más complejidad a la situación.

