En los últimos años, cada vez más jóvenes en España optan por dejar los grandes centros urbanos y asentarse en zonas rurales en busca de una mayor calidad de vida y mejores precios de vivienda. Este fenómeno, conocido como "neorrurales", se ha acelerado durante la pandemia y la crisis inmobiliaria.
Casos como el de Ainara y Roger, una pareja de científicos que decidieron mudarse del ajetreado Sevilla a la tranquila aldea de Corterrangel en Huelva, ilustran esta tendencia. Ellos, al igual que otros jóvenes, valoran el contacto con la naturaleza, el silencio y la posibilidad de adquirir una vivienda propia a un precio asequible.
Sin embargo, esta migración hacia las zonas rurales también enfrenta desafíos, como la falta de servicios, la escasez de viviendas y los estereotipos sobre la vida en el campo. Algunas familias han regresado a las ciudades a medida que el teletrabajo se reduce, pero otras han logrado establecerse y crear nuevas oportunidades en estos entornos.
Organismos como la Asociación para el Desarrollo Integral del Valle de Ambroz en Extremadura trabajan para atraer a más personas a las áreas rurales, ofreciendo información sobre servicios y un banco de viviendas y tierras disponibles. Aunque la barrera de la vivienda sigue siendo un obstáculo importante, cada vez más jóvenes ven en el campo una alternativa viable para mejorar su calidad de vida.










