Durante la conquista española de América, la fundación de ciudades como Santiago y San Francisco de Quito respondía a una estrategia de afianzar el control territorial, tanto frente a otros españoles como a los pueblos indígenas. Estos "reales" o campamentos militares, con el tiempo, se transformaron en importantes centros urbanos.
La conquista española de América a principios del siglo XVI fue un proceso complejo, marcado por la disputa entre distintos grupos de colonizadores por el dominio de los nuevos territorios. En este contexto, la fundación de ciudades como Santiago y San Francisco de Quito respondía a una clara estrategia de consolidar el control español sobre la región.
El real de Santiago, fundado por Diego de Almagro, tenía como objetivo afianzar el territorio frente a otros españoles, mientras que San Francisco de Quito, fundada posteriormente por Almagro, buscaba asegurar el dominio ante los pueblos indígenas. Ambas fundaciones formaban parte de una misma lógica de conquista y colonización.
Uno de los episodios clave en este proceso fue el encuentro entre Almagro y Pedro de Alvarado en 1534. Alvarado, un destacado conquistador, había emprendido una expedición para conquistar nuevos territorios, pero al llegar a la llanura de Cicalpa se encontró con el real de Santiago, ya establecido por Almagro. Esto obligó a Alvarado a desistir de su propósito de conquista, evidenciando la importancia estratégica de estos campamentos militares.
Posteriormente, en el mismo real de Santiago, Almagro fundó la villa de San Francisco de Quito, con el objetivo de afianzar la conquista frente a los indígenas. Esta nueva población, destinada a asentarse sobre las ruinas de una ciudad indígena, reflejaba la lógica de someter a los pueblos originarios y consolidar el dominio español.
A lo largo de los años, estos "reales" o campamentos militares se fueron transformando en importantes centros urbanos. Santiago, por ejemplo, se trasladó de la sierra a la costa, convirtiéndose en la ciudad portuaria de Guayaquil. Por su parte, San Francisco de Quito se consolidó como una ciudad en 1541, conservando su nombre en referencia a la provincia que los españoles estaban conquistando.
Estos procesos de fundación y evolución de las ciudades revelan las estrategias de conquista y colonización empleadas por los españoles en América. Lejos de ser meros asentamientos, estos "reales" o campamentos militares fueron piezas clave en la consolidación del dominio español sobre los nuevos territorios, tanto frente a otros colonizadores como a los pueblos indígenas.











