El 2026 que acaba de comenzar en Argentina se perfila como un año de menor "nominalidad" en comparación a 2025, con una inflación que aumentaría menos que el año pasado y una evolución del tipo de cambio que también sería más moderada, aunque aún por encima de la suba de precios.
Según las proyecciones de analistas y el propio Banco Central, la inflación rondaría el 21% en 2026, mientras que el dólar podría trepar alrededor del 27%, cerrando el año en niveles cercanos a $1.850, frente a $1.480 registrados en 2025.
Este escenario se da en un contexto de mayor flexibilidad en el ajuste de las bandas cambiarias, que ahora se actualizarán mensualmente de acuerdo a la inflación del período previo, en lugar del 1% fijo. Esto le otorga más espacio al tipo de cambio para flotar y ajustarse, evitando así un nuevo episodio de atraso cambiario.
Además, el Banco Central implementará durante 2026 la "fase 4" de su programa financiero, lo que lo convertirá en un nuevo demandante de dólares en el mercado, sumando presión a la cotización. Según estimaciones oficiales, la autoridad monetaria podría comprar entre USD 10.000 y USD 17.000 millones a lo largo del año.
Si bien el 2026 arranca con una mayor oferta de divisas, los analistas consideran difícil que el dólar se atrase respecto a la inflación, ya que el Gobierno ha modificado su postura y ahora busca evitar una apreciación excesiva que afecte la competitividad.
En este contexto, la evolución de estas variables clave será fundamental para definir las mejores alternativas de inversión, así como las estrategias de las empresas en materia de costos, precios y posibilidad de traslado a los consumidores.










