Martín Vizcarra, el exmandatario peruano condenado a 14 años de prisión por corrupción, continúa interfiriendo en la política de su país a pesar de estar tras las rejas. Desde su encierro, Vizcarra consiente que su imagen y nombre sean utilizados por candidatos de su partido, Perú Primero, con el objetivo de confundir a los electores y ganar votos.
Hasta hace poco, Vizcarra lideraba una campaña engañosa haciéndose pasar como candidato presidencial de Perú Primero, a pesar de que diversas inhabilitaciones legales le impedían postularse. Cuando finalmente fue condenado en primera instancia, tuvo que cambiar de estrategia, pero no dejó de intervenir en la política.
Desde la cárcel, Vizcarra ha autorizado a su hermano, Mario Vizcarra, a presentarse como candidato presidencial por Perú Primero, en un claro intento de aprovechar el apellido compartido para confundir al electorado. Pero eso no es todo: también permite que candidatos a diputados y gobernadores regionales usen su imagen en sus campañas, dando a entender que son parte de su plataforma política.
Uno de los casos más evidentes es el de los candidatos Luis Castro y Pedro Alana, quienes aparecen en paneles proselitistas abrazados o estrechando la mano de Martín Vizcarra. Según el propio dirigente de Perú Primero, Alejandro Salas, Vizcarra "ha dado la facultad para que su imagen sea utilizada" sin restricciones.
Esta situación evidencia la "compartida y permanente vocación por timar a los electores" que caracteriza a Vizcarra y su partido. Si bien se encuentra preso, el exmandatario sigue interfiriendo en la política peruana, demostrando que su ambición de poder no tiene límites.
La pregunta que surge es: si Vizcarra y sus allegados son capaces de engañar a los votantes de esta manera durante la campaña, ¿qué podrían hacer en un eventual gobierno?












