Los ataques aéreos estadounidenses realizados el 25 de diciembre en Nigeria han generado interrogantes sobre los objetivos reales de la operación y la estrategia para combatir la insurgencia yihadista en el país africano.
Si bien tanto Washington como Abuya afirmaron que los ataques tenían como blanco a grupos extremistas vinculados al Estado Islámico en el noroeste de Nigeria, expertos cuestionan esta elección de zona, ya que el principal foco de la insurgencia se encuentra en el noreste del país.
Según el ministro de Información de Nigeria, Mohammed Idris, el ataque se llevó a cabo con "plena participación" de las Fuerzas Armadas nigerianas y se enfocó en dos importantes asentamientos terroristas del grupo extremista en el estado de Sokoto, en el noroeste. Sin embargo, analistas como Victoria Ekhomu señalan que las bandas armadas no ideológicas, conocidas como "bandidos", representan una mayor preocupación en esa región que los propios yihadistas.
"Si se quiere atacar, no debería ser en las zonas menos afectadas" por la insurgencia islamista, comentó Ekhomu, quien sugiere que objetivos más obvios estarían en el estado de Borno, en el noreste, epicentro del conflicto yihadista en Nigeria.
Los ataques, que incluyeron el lanzamiento de 16 misiles guiados desde drones MQ-9 Reaper, fueron anunciados en primera instancia por el presidente estadounidense, Donald Trump. Posteriormente, ambos países aclararon la participación y señalaron que se llevaron a cabo con el consentimiento del mandatario nigeriano, Bola Tinubu.
Algunos analistas, como Brant Philip, han sugerido que el momento elegido, el día de Navidad, podría tener una "agenda simbólica" de Trump, quien ha acusado recientemente al Gobierno nigeriano de permitir un "genocidio" de cristianos en el país. Sin embargo, expertos locales rechazan estas afirmaciones, señalando que los conflictos en Nigeria afectan tanto a la población musulmana como a la cristiana.
Tras semanas de recopilación de información, incluyendo vuelos de reconocimiento estadounidenses, la decisión de lanzar los ataques en Sokoto podría no ser una coincidencia. No obstante, los resultados operativos de la acción no parecen haber sido significativos, según los analistas, quienes anticipan que se esperan "muchos más" ataques en el futuro próximo.
La insurgencia yihadista en Nigeria, liderada por Boko Haram y su rival, el autodenominado Estado Islámico de la Provincia de África Occidental (ISWP), ha asolado al país desde 2009. Además, han surgido varios grupos más, algunos asociados con los extremistas del noreste, que se han establecido en el noroeste.
Expertos también advierten sobre el creciente temor de que otro poderoso grupo yihadista en el Sahel, el Grupo de Apoyo al Islam y a los Musulmanes (JNIM), afiliado a Al Qaeda, pueda establecerse en Nigeria tras un ataque reivindicado por sus combatientes en la frontera con Benín en octubre.
En medio de este complejo panorama, los ataques aéreos de Estados Unidos en Nigeria han generado más interrogantes que certezas sobre la estrategia para combatir la amenaza yihadista en el país.


