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La verdadera esencia de la Navidad se pierde entre consumismo y conflictos

La sangre inocente sigue corriendo, como la del que murió en la cruz para hermanarse con el dolor...

La verdadera esencia de la Navidad se pierde entre consumismo y conflictos

La Navidad es una de las celebraciones más importantes del mundo, pero a menudo se ve opacada por el excesivo consumismo y las tensiones globales. Más allá de los regalos, las cenas y las luces, la verdadera esencia de esta fecha se ha ido diluyendo con el paso del tiempo.

Los Evangelios ofrecen pocos detalles sobre el nacimiento de Jesús, centrándose más en la anunciación, el encuentro entre Isabel y María, y el anuncio a los pastores. Sin embargo, de estos hechos se han derivado una gran cantidad de ritos, devociones y costumbres que se practican entre los cristianos y en otras culturas.

Hoy en día, la Navidad parece haberse independizado de su origen religioso y se ha convertido en una fiesta que se repite por costumbre. Mientras algunos aún mantienen vivas tradiciones como los lunes de Adviento o la colocación de las figuritas del nacimiento, otros se han sumergido en un torbellino de compras, regalos y celebraciones que poco tienen que ver con el verdadero significado de la fecha.

El papa León XIV ya había advertido sobre la necesidad de moderación en los excesos navideños. Sin embargo, la realidad es que, en muchos casos, el sentido primigenio del regalo y la evocación de lo que dieron los pastores o los Reyes Magos al Niño Jesús se han perdido entre el consumismo desenfrenado.

Incluso en un momento en el que la historia cuenta que las guerras han pactado treguas y las familias se han perdonado, la actualidad nos muestra un panorama bien distinto. Los conflictos bélicos, la persecución a las minorías religiosas y la codicia de algunos sectores parecen haber eclipsado el "reino del amor" que predicó Jesús.

La sangre inocente sigue corriendo, como la del que murió en la cruz para hermanarse con el dolor y liberarnos. Quizás sea momento de volver a los orígenes, de recuperar la esencia de una celebración que debería estar marcada por la fraternidad, la compasión y la esperanza.

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