El secretario de Estado de los Estados Unidos, Marco Rubio, concluyó una gira diplomática por Colombia, Ecuador y Perú con el objetivo de sellar un bloque andino dentro de una alianza de seguridad regional. Esta estrategia busca afianzar la lucha contra el crimen organizado y, fundamentalmente, implementar nuevas medidas para limitar la creciente influencia de China en el continente americano.
Durante sus visitas a Barranquilla, Quito y Lima, Rubio enfatizó la necesidad de enfrentar a los grupos narcoterroristas, aunque también integró en su discurso planes de prosperidad y desarrollo. A través de una carta publicada en los principales diarios de los tres países, el jefe diplomático estadounidense afirmó que Washington colabora directamente con estas naciones para consolidar la seguridad, facilitar el crecimiento económico y garantizar que el futuro de la región permanezca bajo el control soberano de cada país.
Desde la perspectiva del análisis político, esta gira marca un aterrizaje de estrategias concretas, bilaterales y multilaterales en la región andina. El politólogo peruano Elohim Monard, investigador de la Universidad de Wisconsin-Madison, señaló que la relación ha dejado de ser un concepto abstracto ideológico-político para transformarse en acciones tangibles. Por su parte, el analista colombiano Luis Fernando Trejos destacó que este movimiento coincide con la llegada al poder de gobiernos de derecha alineados con los intereses norteamericanos, interpretando la visita como un "guiño de confianza" de Washington hacia estos mandatarios.
Uno de los anuncios más relevantes fue la confirmación de Perú sobre su adhesión a la iniciativa regional "Escudo de las Américas", un bloque que ya cuenta con 15 integrantes y que fue impulsado por Estados Unidos en marzo pasado. Mientras que Monard ve en esta coalición una oportunidad para obtener recursos, estrategia e inteligencia contra la inseguridad, otros analistas mantienen cautela. Daniel Pontón, decano de la Escuela de Seguridad y Defensa del IAEN en Ecuador, indicó que la agenda de Donald Trump busca crear un espacio de resistencia frente a China desde Groenlandia hasta la Patagonia, aunque advirtió que el proceso aún tiene un componente "performativo" y que resta ver si logra una institucionalización concreta.
En Ecuador, Rubio calificó al gobierno de Daniel Noboa como el "mejor aliado en la región" para enfrentar la amenaza criminal transnacional, resaltando las operaciones militares conjuntas ya formalizadas. En este contexto, Washington ha elevado la categoría de la banda Los Tiguerones a grupo terrorista, sumándolos a organizaciones como Los Choneros, Los Lobos y Chone Killers.
En el caso de Colombia, el secretario estadounidense habló de retomar una "época dorada" en las relaciones bilaterales, las cuales se habían deteriorado durante la presidencia de Gustavo Petro. Rubio aclaró que, aunque se ha discutido la cooperación militar, Colombia no ha solicitado el envío de soldados estadounidenses, sino apoyo en inteligencia, equipos y entrenamiento. Asimismo, se mencionó una cooperación estratégica para la explotación de minerales raros, lo que podría atraer inversiones a zonas controladas por grupos ilegales.
El eje geopolítico contra China fue uno de los puntos más críticos de la gira. Rubio denunció que firmas chinas operan con opacidad y mediante "deudas predatorias", explotación y destrucción ambiental. Ante estas declaraciones, la embajada de China en Lima respondió que su país no actúa con cálculos geopolíticos ni interfiere en asuntos internos, subrayando que América Latina no es el "patio trasero" de nadie y que las naciones tienen el derecho soberano de elegir a sus socios.
El desafío para los países andinos, según los analistas, radica en balancear sus vínculos. En Perú, la tensión es evidente debido a las inversiones chinas en infraestructura estratégica, como puertos. En Colombia, existe la preocupación de que la cooperación en seguridad no se traduzca necesariamente en crecimiento comercial, manteniendo a China como un socio pragmático y atractivo. Finalmente, el gobierno colombiano manifestó una ligera desazón al no obtener alivios arancelarios tras el terremoto de agosto, evidenciando que las expectativas económicas no siempre coinciden con los resultados inmediatos de la agenda de seguridad de Washington.






