Han transcurrido cinco décadas desde que los cuerpos de Sergio Karakachoff y Domingo Teruggi fueran hallados acribillados en un camino rural del partido de Magdalena. El hecho ocurrió apenas seis meses después del último golpe militar, marcando uno de los episodios más crudos de la represión estatal en Argentina. Las víctimas, de 37 y 41 años respectivamente, habían dedicado sus últimos días a la defensa de causas laborales y a la presentación de habeas corpus en favor de los desaparecidos, una labor que en aquel entonces representaba un riesgo extremo y, a menudo, una condena inmediata.
Sergio Karakachoff, conocido por sus allegados como “el Ruso”, nació y creció en la ciudad de La Plata, hijo del ingeniero Sergio Karakachoff y la profesora de música Carmen Giménez. Su formación estuvo profundamente ligada a la educación y la cultura en un hogar ubicado en la calle 8, entre 65 y 66. Sus primeros pasos en la dirigencia política se dieron durante su etapa escolar; cursó la primaria en la Escuela Anexa y el secundario en el Colegio Nacional Rafael Hernández, institución donde fundó el Centro de Estudiantes. Posteriormente, formó su propia familia junto a María del Carmen Arias, con quien tuvo dos hijas, Matilde y Sofía.
En el ámbito profesional, Karakachoff se desempeñó entre 1963 y 1965 como secretario legislativo del Concejo Deliberante local. Tras graduarse como abogado en la Universidad Nacional de La Plata, se destacó rápidamente en el ejercicio del derecho laboral, vocación que mantuvo hasta el final de su vida.
Su trayectoria política fue ascendente y diversa. Inició su camino en la Juventud Radical y fue cofundador del Movimiento de Acción Popular junto a Guillermo Estévez Boero. Este espacio fue fundamental, ya que sirvió como semilla para la Junta Coordinadora Nacional y, más tarde, para el Movimiento de Renovación y Cambio liderado por Raúl Alfonsín. En 1972, Karakachoff tuvo un rol activo en la redacción de la plataforma electoral de la Unión Cívica Radical (UCR), trabajando junto a figuras que serían claves en la futura democracia recuperada, tales como Germán López, Roque Carranza y Bernardo Grinspun. Asimismo, para el año 1975, ya integraba la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos.
Pocos días antes de su secuestro en 1976, Karakachoff dejó testimonio escrito de su preocupación por el clima social del país. En un texto breve y contundente titulado “Acerca de la violencia”, el abogado advirtió sobre el terror que ya se imponía en el territorio nacional.
El desenlace ocurrió el 9 de septiembre. Un grupo de civiles armados que se trasladaban en varios automóviles irrumpió en el domicilio de Domingo Teruggi, donde este vivía con su esposa e hija, y procedió a secuestrarlo. A pesar de las advertencias sobre el peligro, Karakachoff se dirigió a la casa de su socio, donde los represores también lo capturaron. Veinticuatro horas después, sus cuerpos fueron encontrados con signos de tortura y acribillados.
El velorio de Karakachoff trascendió el duelo privado para transformarse en un acto político. A pesar del estado de sitio y la represión vigente, una multitud se congregó para despedirlo. Entre los presentes se encontraban Ricardo Balbín y Raúl Alfonsín, líderes radicales que interpretaron aquel crimen no solo como un asesinato, sino como un mensaje intimidatorio. La violencia persistió incluso durante el último adiós, cuando diversos vehículos pasaron frente a la funeraria realizando disparos al aire.
Sobre la autoría del crimen, algunos investigadores plantearon la hipótesis de que los responsables pudieron pertenecer a la banda parapolicial de la Concentración Nacionalista Universitaria (CNU), cuyos miembros se integraron al aparato del terrorismo de Estado tras el golpe. Sin embargo, el caso nunca fue esclarecido judicialmente.
La noticia, difundida en su momento por el diario EL DIA, generó una fuerte conmoción en La Plata y en el seno del radicalismo. Karakachoff era considerado un “cuadro político” brillante y un dirigente con un futuro prometedor, respetado incluso por quienes mantenían posturas ideológicas distintas.
A medio siglo de su muerte, el legado de Sergio Karakachoff persiste a través de diversos homenajes institucionales. Su nombre identifica el edificio del centro de convenciones y posgrado de la UNLP, la biblioteca del Colegio Nacional, la sala de relatores del Concejo Deliberante platense y diversos grupos de militancia juvenil radical en varias provincias. En el año 2023, la Universidad Nacional de La Plata creó un archivo específico para reconstruir su legado humano y político. Karakachoff defendió la ley, la Constitución y la democracia en un tiempo de prohibiciones, convirtiéndose en un referente para las generaciones posteriores.





