La situación sanitaria en el Instituto de Nefrología (INEF) Dr. Abelardo Buch López, en La Habana, ha alcanzado un punto crítico donde la supervivencia de miles de pacientes depende de una lucha constante contra la carencia de insumos básicos. El panorama actual, marcado por las restricciones impuestas por el bloqueo del gobierno de Estados Unidos, ha dejado al descubierto una vulnerabilidad alarmante en el sistema de tratamiento renal de la isla.
El caso de Idania Faura Estopiñán, una licenciada en Atención Estomatológica de 57 años, personifica la angustia de muchos. Idania desea retomar su vida laboral y sentirse útil, pero se encuentra atrapada en una espera desesperante. Para ella y otros pacientes, la diálisis peritoneal representaría una mejora sustancial en su calidad de vida, permitiéndoles trabajar y permanecer vinculados a su entorno familiar al realizarse el tratamiento en el hogar, evitando los traslados trisemanales al hospital que exige la hemodiálisis. Sin embargo, esta terapia ha sido prácticamente imposible de implementar en los últimos seis u ocho meses debido a la falta de insumos.
Yamilé García Villar, directora del INEF, ha denunciado que las actividades asistenciales fundamentales —hemodiálisis, cirugía endourológica, diálisis peritoneal y trasplante renal— se han visto severamente afectadas. La limitación para importar materia prima, piezas y material médico, derivada de las restricciones comerciales, ha tenido un impacto devastador. En un dato alarmante, García Villar reveló que en lo que va del año 2026 no se ha podido realizar ningún trasplante renal debido a la falta de soluciones de perfusión y otros insumos transversales al programa.
El Instituto de Nefrología, considerado el «Alma Mater» de esta especialidad en Cuba y un centro de referencia para la investigación y docencia internacional, atiende semanalmente a unos 170 pacientes. No obstante, la crisis afecta a un universo mucho mayor: aproximadamente 3 000 pacientes en todo el país dependen de estos tratamientos para sobrevivir. A pesar de que existen 57 unidades de Nefrología en el territorio nacional, la industria nacional, que anteriormente proveía gran parte de los medicamentos, se ha visto complejizada por el bloqueo.
En cuanto a la infraestructura tecnológica, la institución cuenta con un parque de 439 equipos, de los cuales 420 están operativos. Aunque esto representa un coeficiente de disponibilidad tecnológica del 95,6 %, la dirección advierte que esta cifra es insuficiente comparada con los estándares anteriores, que superaban el 98 % o 99 %. De los 32 riñones artificiales disponibles para hemodiálisis, el 61,7 % tiene cinco años de explotación; sin mantenimientos preventivos ni sustitución de kits, la durabilidad de estas máquinas está en riesgo. Además, el ecógrafo utilizado para las biopsias renales tiene más de 20 años de uso y el centro carece de tomógrafos para estudios básicos.
La doctora Betsy Llerena Ferrer, jefa del Servicio de Clínica Nefrológica, describió la situación como «imperdonable». La precariedad es tal que el personal médico se ve obligado a esterilizar y reutilizar material que en otros países es considerado gastable. Esta escasez es tan aguda que Llerena debe advertir estrictamente a sus estudiantes sobre el cuidado de las jeringuillas y agujas para biopsia, instrumentos endebles y escasos, bajo amenaza de sanciones académicas severas en caso de rotura.
A este escenario se suma una merma en los recursos humanos, especialmente en el personal técnico y administrativo, lo que añade presión a un sistema ya tensionado.
En medio de esta crisis, la solidaridad internacional ha surgido como un salvavidas. Recientemente, el INEF recibió la visita de la ONG Open Arms, que trasladó donativos desde México en su velero Astral, tras una travesía iniciada en Barcelona, España. La organización, que ha enfrentado el bloqueo de su propia página de donaciones en Estados Unidos, entregó alimentos, productos de aseo, insumos médicos, casetes de medicación y bolsas para diálisis. Estas últimas son precisamente las que Idania Faura Estopiñán necesita para recuperar una vida semblance a la que tenía antes de su diagnóstico.
Óscar Camps, líder del proyecto de Open Arms, destacó que su misión es evidenciar la inacción deliberada ante la crisis en Cuba. Camps recordó que, en una visita anterior en julio, los paneles solares donados por la organización permitieron realizar una cirugía de emergencia a una niña con fractura craneal durante un apagón general del Sistema Eléctrico Nacional, subrayando la importancia crítica de la ayuda externa en un contexto de carencias sistémicas.





