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Trump anuncia acuerdo para el desarme de Hamas en Gaza, aunque persisten fuertes dudas sobre su ejecución

A primera vista, el anuncio del presidente Donald Trump de que Hamas y todos los demás grupos armados de Gaza han acordado desarmarse parece histórico.

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Trump anuncia acuerdo para el desarme de Hamas en Gaza, aunque persisten fuertes dudas sobre su ejecución
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Donald Trump ha anunciado un acuerdo histórico para lograr el desarme total de Hamas y el retiro de las fuerzas israelíes de la Franja de Gaza. El plan propone que una Fuerza Internacional de Estabilización y una nueva policía palestina asuman la seguridad del enclave bajo la supervisión de un comité tecnócrata. Sin embargo, la viabilidad del pacto es incierta debido a las estrictas condiciones de Hamas, que exige un cese al fuego y la retirada israelí previa al desarme. En Israel, el primer ministro Benjamin Netanyahu guarda silencio mientras sectores de su coalición rechazan tajantemente cualquier acuerdo gestionado por terceros. A pesar de las tensiones, ya se han registrado despliegues militares limitados en Rafah. Estados Unidos ha advertido que Trump esperará el cumplimiento del plan de 20 puntos, cuyos detalles finales se publicarán en las próximas dos semanas para iniciar una implementación por fases.

El presidente Donald Trump ha anunciado a través de una publicación en Truth Social lo que calificó como un acuerdo "HISTÓRICO" para lograr el desarme completo de Hamas y de todos los demás grupos armados presentes en la Franja de Gaza. Según el mandatario, una vez que se haya completado este proceso, las fuerzas israelíes se retirarían del enclave, permitiendo que una Fuerza Internacional de Estabilización colabore con una nueva fuerza policial palestina para asumir la responsabilidad de la seguridad en la zona.

A pesar del optimismo expresado por Trump y de una cautelosa esperanza percibida en la comunidad internacional y entre algunos habitantes de Gaza, la viabilidad del plan enfrenta desafíos significativos debido a las condiciones impuestas por las partes involucradas y la falta de claridad en la secuencia de los pasos a seguir.

Desde Hamas, el alto dirigente Ghazi Hamad confirmó a CNN la existencia de un acuerdo para desarmarse, pero subrayó que este está estrictamente condicionado. Hamad señaló que el grupo solo procederá si Israel acuerda el cese del fuego, detiene las matanzas selectivas en Gaza y retira sus tropas hasta la denominada “Línea Amarilla”. Asimismo, Hamas exige un aumento significativo de la ayuda humanitaria, en concordancia con el acuerdo de alto el fuego de octubre, y el despliegue efectivo de la Fuerza Internacional de Estabilización, la misión multinacional y temporal encargada de la desmilitarización.

Hamad fue enfático al describir el acuerdo como un "paquete integral", advirtiendo que no se iniciará ninguna medida relacionada con el armamento hasta que Israel cumpla con sus compromisos. Además, especificó que el Comité Nacional para la Administración de Gaza (NCAG), un grupo tecnócrata designado por la Junta de Paz de Trump, debe entrar en el enclave y asumir el gobierno. Bajo este esquema, el NCAG controlaría el armamento de la fuerza policial de Hamas, aunque Hamad aclaró que las armas pesadas no serían destruidas ni retiradas del servicio, sino almacenadas bajo la supervisión de dicho comité.

Por su parte, la Junta de Paz, entidad alineada con la política exterior de Trump, respaldó la necesidad de vincular el desarme a una retirada israelí por fases. En un plan actualizado, el organismo subrayó que Israel debería cesar sus operaciones militares "sin demora" mientras se implementa el plan. No obstante, la secuencia precisa de estas acciones sigue siendo ambigua.

En Israel, el primer ministro Benjamin Netanyahu ha mantenido un silencio público tras el anuncio. Sin embargo, el entorno político israelí ha reaccionado con dureza. Mientras que un funcionario israelí rechazó elementos del marco propuesto, insistiendo en que el desarme completo de Hamas debe ser una condición previa a cualquier retirada de la "línea amarilla", la coalición de derecha de Netanyahu ha sido más tajante. El ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben Gvir, rechazó cualquier acuerdo gestionado por terceros, sosteniendo que el único resultado aceptable es la destrucción total de Hamas, mientras que la ministra Orit Strouk calificó la propuesta de "peligrosa".

A pesar de estas tensiones, Israel ha dado pasos limitados que coinciden con el plan de Trump, como la aprobación del despliegue de 200 efectivos de Marruecos y Uganda en una zona piloto en Rafah. No obstante, fuentes israelíes indican que cualquier despliegue adicional requerirá aprobación específica y que Netanyahu probablemente no ordenará una retirada total antes de las elecciones de octubre, calculando que Hamas terminará violando los términos del acuerdo.

Desde la oposición israelí, Gadi Eisenkot ha criticado el hermetismo de Netanyahu, sugiriendo que el primer ministro podría estar ocultando el acuerdo a la opinión pública o que Israel está siendo forzado a aceptar términos sin su participación directa.

Desde Estados Unidos, un funcionario advirtió que Trump se sentiría "muy, muy decepcionado" si Israel no cumple con el plan de 20 puntos que, según la administración, ya había sido aceptado inicialmente. Funcionarios estadounidenses y de la Junta de Paz describieron el avance como el resultado de meses de negociaciones delicadas, aunque admitieron que se trata de un "acuerdo sujeto a condiciones".

Se espera que los detalles específicos de las condiciones se publiquen en un plazo de dos semanas y que los avances sean visibles en los próximos uno o dos meses. La implementación se realizará fase por fase, requiriendo la verificación de cada etapa por parte de un comité especializado.

Este nuevo intento de paz ocurre en un contexto devastador. Tras los ataques del 7 de octubre, que dejaron más de 1.200 muertos en Israel y 251 rehenes, la ofensiva israelí ha resultado en la muerte de más de 68.000 palestinos y más de 170.000 heridos. Un acuerdo previo de alto el fuego en octubre del año pasado estableció la retirada parcial de Israel hasta la "línea amarilla" (manteniendo el control del 53 % del enclave) a cambio de la liberación de rehenes, pero dejó sin resolver la gobernanza, el desarme y la retirada total, dejando a la población de Gaza en un estado de precariedad extrema.

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