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Bebidas peruanas: la propuesta para impulsar una diplomacia del sabor y el comercio exterior

“Las bebidas peruanas -el vino, el pisco y los destilados de la Amazonía- necesitan reglas claras, promoción inteligente, investigación, apoyo a la innovación y una defensa firme de sus denominaciones de origen”. Escribe el sommelier José Bracamonte.

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Bebidas peruanas: la propuesta para impulsar una diplomacia del sabor y el comercio exterior
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Perú busca posicionar sus bebidas nacionales como la principal carta de presentación ante el mundo. La propuesta impulsa que el pisco, los vinos de altura y los destilados amazónicos lideren la representación internacional, aprovechando la biodiversidad de los Andes y la selva para transformar la imagen del país en una potencia mundial del sabor. El plan solicita al ministro de Comercio Exterior y Turismo, Rogers Valencia, implementar una diplomacia del sabor que sustituya productos genéricos por producciones locales en embajadas y eventos oficiales. De este modo, se busca defender la Denominación de Origen del Pisco y fomentar exportaciones sostenibles que impulsen la economía regional.

En el marco de los recientes cambios políticos en el Ejecutivo y la renovación de los ministerios, surge una propuesta para que el sector de las bebidas peruanas asuma un rol protagónico en la representación internacional del país. El objetivo es que el vino, el pisco, los hidromieles de la sierra y los destilados de la selva dejen de ser productos secundarios y se conviertan en la principal carta de presentación del Perú ante el mundo, aprovechando las condiciones geográficas privilegiadas de la Cordillera de los Andes, el desierto costero y la Amazonía.

El pisco, considerado el orgullo bandera, se destaca por un proceso de producción basado en la pureza de la uva y la honestidad del proceso, evitando el uso de madera o aditivos comunes en otros destilados globales. Esta bebida tiene su origen en diversas regiones, desde el sol de Ica y los suelos pedregosos de Moquegua, hasta los valles de Tacna, Lima y Arequipa. Dentro de su diversidad, resalta la uva Quebranta, conocida por su cuerpo y notas que recuerdan al plátano maduro, manzana verde y frutos secos. Por otro lado, las uvas aromáticas como la Italia, la Torontel y la Moscatel ofrecen perfiles delicados con aromas a azahares y limas maduras. Asimismo, el Mosto Verde es señalado como una pieza clave por su textura suave y cremosa, lograda mediante el corte de la fermentación mientras la uva aún conserva azúcar.

En paralelo, se identifica una revolución en la viticultura de altura. En regiones como Apurímac, Cusco, Áncash y Arequipa, se desarrollan viñedos a más de dos mil metros sobre el nivel del mar. Esta agricultura heroica se enfrenta a condiciones extremas donde la intensa radiación solar obliga a la uva a desarrollar una piel más gruesa para proteger las semillas, concentrando así el color y el sabor. El contraste entre los días calurosos y las noches heladas permite que los vinos mantengan una frescura natural y una estructura potente, alejándose de los modelos europeos para construir una identidad propia.

La Amazonía peruana también se integra a esta propuesta a través de una nueva generación de productores que crean destilados y fermentados basados en el bosque. El uso de alcohol puro combinado con cortezas como el chuchuhuasi y el clavo huasca, así como frutas nativas como el camu camu, el copoazú y el ají charapita, permite obtener productos originales y elegantes. Además, la producción de hidromieles utilizando miel de abejas meliponas ha alcanzado niveles técnicos sorprendentes, ofreciendo aromas únicos que vinculan la biodiversidad de la selva con la coctelería moderna. Esta actividad se presenta como una alternativa económica inteligente que permite a los pobladores locales vivir del bosque sin necesidad de deforestarlo.

Ante este escenario, se plantea un llamado directo al nuevo ministro de Comercio Exterior y Turismo, Rogers Valencia, para que las estrategias de turismo y exportaciones se integren. La propuesta sugiere que el orgullo por la producción nacional se refleje en las mesas oficiales y en las embajadas peruanas, sustituyendo vinos genéricos por pisco mosto verde o vinos de altura en cada evento diplomático y firma de convenio.

Finalmente, se enfatiza que la Denominación de Origen del Pisco debe ser defendida como una trinchera de identidad, apoyando a los productores que mantienen métodos antiguos en falcas y alambiques de cobre. Para concretar esta "diplomacia del sabor", se propone el respaldo de la Nueva Ley General de Turismo y la campaña “Más Peruano que Nunca”, con el fin de formalizar, investigar y exportar estos productos, transformando al Perú en una potencia mundial del sabor basada en el respeto a su origen y la calidad de su trabajo.

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