La crisis migratoria en la ciudad autónoma de Ceuta no muestra signos de detenerse y presenta el riesgo de extenderse a otras zonas, en un contexto de alta tensión fronteriza. Mientras se registran entradas masivas en este enclave, las autoridades han procedido al cierre de la frontera en Melilla, la otra ciudad autónoma española situada en el norte de África, buscando contener la situación.
El flujo de personas que intentan ingresar desde Marruecos a Ceuta se mantuvo activo durante la noche, tras una jornada en la que cientos de migrantes lograron romper el perímetro fronterizo en masa. De acuerdo con la información proporcionada por la agencia de noticias EFE, el perfil de quienes han cruzado es diverso, incluyendo la entrada de familias completas y un número significativo de menores de edad, quienes ingresaron acompañados de sus padres o de manera individual en las últimas horas.
En paralelo a estas entradas, las fuerzas de seguridad marroquíes han desplegado un operativo de represión contra potenciales migrantes en las inmediaciones de la frontera. En la ciudad vecina de Fnideq, cientos de personas se han concentrado impulsadas por rumores sobre la apertura del enclave español. Testimonios recogidos a unos quince kilómetros de Fnideq, en el norte de Marruecos, confirman la intención de numerosas personas de intentar el cruce hacia Ceuta. Entre ellos, un joven que portaba una mochila relató haber caminado desde Tánger, una distancia de aproximadamente 70 kilómetros al oeste de Fnideq, motivado por la noticia de que la frontera se había abierto.
La situación en la otra ciudad autónoma, Melilla, también es crítica. La delegación del Gobierno en dicha ciudad ha informado que la frontera de Beni Enzar, el único paso operativo entre España y Marruecos en esa zona, permanece cerrada. Según reportes de EFE, en los alrededores de este punto fronterizo se habría producido un intento de entrada mediante una carrera masiva, momento en el cual se habrían escuchado disparos.
Para intentar dispersar a las multitudes congregadas cerca de la frontera con Ceuta, las autoridades marroquíes han recurrido al uso de material antidisturbios, incluyendo el lanzamiento de gases lacrimógenos y el empleo de cañones de agua. Estas medidas se implementaron luego de que miles de personas llegaran este jueves a la localidad de Castillejos. En este punto, se formó una marea humana de más de cinco kilómetros de longitud, una concentración de personas que terminó por desbordar la capacidad de respuesta de la policía marroquí.
Tras una jornada marcada por un goteo incesante de migrantes, compuestos en su mayoría por jóvenes provenientes de diversos puntos del país, las fuerzas de seguridad activaron dispositivos específicos para frenar cualquier intento de aproximación al perímetro fronterizo. Como consecuencia de esta intervención policial, cientos de personas se vieron obligadas a replegarse hacia el casco urbano de Castillejos, donde muchos decidieron pernoctar con la intención de reintentar el cruce al día siguiente. La determinación de los migrantes quedó reflejada en las palabras de un joven marroquí quien, mientras se alejaba del paso fronterizo, afirmó: “Nos han dispersado, pero no vamos a dejar de intentarlo”.
A pesar de la acción de los equipos antidisturbios, el flujo de personas no se detuvo completamente. Cientos de individuos continuaron intentando el acceso a través del mar, nadando y rodeando el espigón fronterizo, que representa uno de los últimos obstáculos blindados con alambre que separa el litoral de Castillejos del territorio español. Para contener esta maniobra, varias embarcaciones de la Marina Real marroquí patrullaron la zona, tratando de evitar que miles de jóvenes, mujeres y niños se arrojaran al agua para alcanzar Ceuta.
Finalmente, la crisis ha llevado a que cientos de personas se instalen en las colinas próximas al perímetro fronterizo, permaneciendo a la espera de una oportunidad para cruzar, mientras la vigilancia se mantiene intensificada en ambos enclaves españoles en África.


