La localidad de Vilavella, en la provincia de Castellón, se enfrenta hoy a las duras consecuencias del incendio forestal que azotó la zona de la Vall d’Uixó. Entre las pérdidas materiales y el impacto medioambiental, destaca la dramática situación de los propietarios de Viveros EsVi, quienes han visto cómo el esfuerzo de varias generaciones desaparecía bajo las llamas en cuestión de horas. Ante la magnitud de la tragedia, la familia ha hecho un llamamiento público a las administraciones solicitando «un poquito de ayuda» para intentar reconstruir su medio de vida y volver a empezar desde cero.
El impacto emocional ha sido devastador para los dueños del negocio. Daniel Esteve, uno de los propietarios, relató la crudeza del momento en que pudo regresar a las instalaciones tras el desalojo preventivo. Según explicó a EFE TV, la imagen que encontró al volver fue desoladora: «ver todo quemado, todo a pique». La magnitud de la destrucción fue tal que, en un primer instante, la desesperanza se impuso sobre la esperanza, llevando a Esteve a concluir que, ante aquel escenario de cenizas, «aquí no hay nada que hacer».
Sin embargo, a pesar de la devastación, persiste la voluntad de lucha. Daniel Esteve ha manifestado su confianza en la solidaridad y en la posibilidad de encontrar soluciones que permitan retomar la actividad laboral. Para los agricultores, el objetivo primordial es regresar a sus tareas cotidianas, subrayando que lo que más anhelan es volver a trabajar, aunque reconociendo que, para lograrlo, el apoyo institucional es fundamental. «Trabajar y un poquito de ayuda, si puede ser», ha solicitado el empresario, dejando claro que el deseo de superación es fuerte, pero que los recursos actuales son insuficientes.
La motivación para no rendirse reside en el arraigo familiar y la tradición. Para Daniel, la idea de abandonar el negocio debido a un incendio es inaceptable, especialmente considerando que el vivero es el fruto del trabajo de sus padres y que, actualmente, sus hijos también colaboran en la explotación cuando tienen la oportunidad. Esta herencia familiar es la que, según sus propias palabras, les proporciona la fuerza necesaria para seguir adelante, aunque insiste en que cualquier ayuda económica o administrativa sería bienvenida y muy necesaria en estas circunstancias.
El relato de los propietarios también ha puesto de manifiesto el peligro extremo al que estuvieron expuestos durante el avance del fuego. Daniel recordó que, en un intento desesperado por salvar su patrimonio, trataron de combatir el incendio utilizando mangueras conectadas al agua de una balsa que poseen en la propiedad. No obstante, la intensidad del fuego superaba cualquier capacidad de respuesta manual. Fue la intervención de la Guardia Civil la que obligó a la familia a desalojar el lugar inmediatamente para salvar sus vidas.
Reflexionando sobre aquel momento crítico, Esteve admitió que haber permanecido en el lugar habría sido una decisión fatal. Con la humildad de quien se ha enfrentado a la fuerza de la naturaleza, reconoció que, frente a un incendio de tales dimensiones, intentar luchar con una «manguerita» era una tarea imposible y suicida. «No estaríamos aquí», afirmó, subrayando que la evacuación fue la única opción viable para sobrevivir.
Por su parte, Manuel Esteve, hermano de Daniel y copropietario del vivero, ha compartido este sentimiento de tristeza y frustración. Manuel representa la memoria viva del negocio, ya que ha trabajado en el vivero desde que tenía 14 años, habiendo cumplido recientemente los 63. El proyecto, que fue fundado y montado por sus padres, se había convertido en el eje de su vida profesional y personal.
La frustración de la familia es total al constatar que lo han perdido absolutamente todo. El fuego no solo consumió la vegetación, sino que calcinó por completo todas las infraestructuras esenciales para la operatividad del negocio. Entre las pérdidas materiales se encuentran las bandejas de los semilleros, toda la instalación de riego y la maquinaria especializada para sulfatar, dejando el vivero sin ninguna herramienta básica para reiniciar la producción.


