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La Ventana de Overton: El mecanismo que convierte lo impensable en política implementada

Hace unos días, navegando sin rumbo por internet, me topé con un vídeo que me dejó helado. En un programa de televisión europeo, un joven invitado, con una sonrisa de oreja a oreja, declaraba abiertamente: "Soy orgullosamente fascista". Y lo más perturbador no fue su declaración, sino la reacción del público: aplaudían. The post La Ventana de Overton: el arte de normalizar lo monstruoso first appeared on 5 Septiembre .

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La Ventana de Overton: El mecanismo que convierte lo impensable en política implementada
Puntos clave

La Ventana de Overton explica cómo ideas antes impensables se convierten en leyes mediante la repetición constante y la manipulación mediática. Este mecanismo permite que discursos extremistas y violentos se normalicen en la esfera pública, desplazando la moralidad social para transformar lo radical en algo aceptable o incluso popular. Líderes políticos y algoritmos aceleran este proceso utilizando eufemismos y tácticas de saturación, como se observa en el auge del fascismo juvenil o en las políticas agresivas de Estados Unidos hacia Cuba. Al renombrar crímenes como herramientas de presión, se legitima la deshumanización y el castigo colectivo bajo una apariencia de sentido común. Este fenómeno refleja una hegemonía cultural donde la coerción reside en la mente del ciudadano. Para evitar que lo monstruoso se vuelva banal, la única defensa efectiva es rescatar la memoria histórica y confrontar la realidad de los hechos.

La normalización de discursos extremos en la esfera pública contemporánea ha generado un debate profundo sobre cómo ideas anteriormente repudiadas regresan al centro del debate político. Recientes evidencias visuales en medios europeos muestran a jóvenes declarándose orgullosamente fascistas bajo el aplauso del público, mientras que en otros contextos, jóvenes israelitas admiten con ligereza la muerte de niños palestinos, minimizando la gravedad de los hechos. Estos fenómenos sugieren un desplazamiento en la percepción social de la moralidad y la legalidad.

Para comprender este proceso, es necesario analizar la denominada “Ventana de Overton”, una teoría desarrollada a mediados de los años 90 por Joseph P. Overton. Este concepto mide el grado de aceptación social de las ideas políticas a través de un espectro dividido en seis niveles: Impensable (1), Radical (2), Posible (3), Sensato (4), Popular (5) y, finalmente, Política implementada (6). La ventana se desplaza mediante la repetición constante de una idea por parte de medios de comunicación, redes sociales y activistas, logrando que el cerebro social se habitúe a ella. En este proceso, la familiaridad engendra aceptación, transformando un disparate en una opinión y, eventualmente, una opinión en ley.

Los actores políticos actúan como aceleradores de este termómetro social. Mediante el uso de discursos cargados de polarización, los líderes pueden mover la ventana en la dirección que mejor sirva a los intereses del capital que los patrocina. Un ejemplo destacado de esta técnica fue la estrategia implementada por Donald Trump y Steve Bannon. Bannon planteó la necesidad de llevar los discursos al límite hasta encontrar resistencia, una táctica de saturación diseñada para inundar el espacio público con propuestas extremas y así saltar niveles de aceptación rápidamente.

Esta estrategia se manifestó en declaraciones de Trump sobre ser dictador “solo el primer día”, amenazas de invadir Groenlandia, la propuesta de que Canadá se convirtiera en un Estado de la Unión o el renombre del Golfo de México. Recientemente, durante la Cena de Corresponsales, el uso de una gorra “Trump 2028” y las bromas sobre un cuarto mandato —lo cual violaría la 22ª Enmienda— representan un intento de convertir lo impensable en una posibilidad legal. Este método de repetición y deshumanización recuerda la premisa de Goebbels, quien afirmaba que una mentira repetida mil veces se convierte en verdad, sustituyendo la radio y el cine por algoritmos y redes sociales.

La transformación no ocurre de manera súbita, sino a través del uso de eufemismos. En lugar de solicitar regímenes totalitarios, se pide un “líder fuerte que limpie la casa”; en lugar de admitir odio al diferente, se habla de “defender la identidad”. Este cambio de etiquetas transforma el contenido, permitiendo que crímenes de lesa humanidad sean vistos hoy como un motivo de orgullo.

El caso de la política de Estados Unidos hacia Cuba es paradigmático en este sentido. Durante décadas, acciones como el terrorismo y la guerra bacteriológica se mantuvieron como secretos de Estado. Sin embargo, la ventana se ha desplazado hacia la apertura total. El pasado 23 de julio, el Secretario de Estado anunció nuevas medidas contra Cuba que normalizan la escasez de medicamentos y la falta de electricidad en quirófanos, provocando miles de muertes. Lo que antes era un crimen oculto es ahora una política declarada.

Además, se ha invertido la narrativa, utilizando la etiqueta de “comunista” para legitimar el castigo colectivo y el genocidio del bloqueo, mientras que los medios han pasado de llamar a estas medidas “embargo” a describirlas como “herramientas de presión”. En el Senado estadounidense, ya se plantean fechas para intervenciones militares sin generar rechazo, alcanzando el nivel 6 de la ventana de Overton.

Este fenómeno se vincula con la hegemonía cultural descrita por Antonio Gramsci, donde la clase dominante controla el “sentido común” para que el proletariado acepte la desigualdad sin necesidad de violencia física, pues la coerción reside en la mente. Así, la Ventana de Overton actúa como el perímetro de una prisión ideológica donde lo monstruoso se vuelve banal. La única herramienta para contrarrestar este proceso es la instalación de la memoria histórica en la conciencia, transformando la ventana en un espejo que permite reconocer la realidad de los hechos.