Los recientes terremotos de magnitud 7.2 y 7.5 que azotaron el estado venezolano de La Guaira han dejado un saldo devastador, caracterizado por miles de víctimas y una infraestructura urbana gravemente comprometida. Sin embargo, más allá de la tragedia, el evento ha puesto sobre la mesa importantes lecciones técnicas sobre la ingeniería estructural, la planificación urbana y la gestión del riesgo sísmico en zonas costeras.
Mientras que en sectores como Puerto Viejo y Catia La Mar se registraron el colapso de decenas de edificaciones, un caso particular ha captado la atención de especialistas tanto nacionales como internacionales. Se trata de la Residencia Puerto Viejo, una construcción residencial de apenas tres niveles que permaneció prácticamente intacta a pesar de la intensidad de los movimientos telúricos.
Este inmueble, diseñado en la década de los ochenta por el arquitecto Elías Chayeb, se ha convertido en un objeto de estudio. Según explicó el propio Chayeb, el diseño original contempló desde el inicio el desafío de construir frente al mar Caribe sobre un terreno compuesto principalmente por sedimentos acumulados durante siglos, arena y arcilla. Para mitigar el riesgo, el edificio fue erigido sobre una losa flotante de concreto con un espesor de entre 40 y 50 centímetros. Esta solución técnica fue diseñada para permitir que toda la estructura se desplazara de manera uniforme durante un evento sísmico, evitando así el colapso estructural.
El arquitecto recordó que la previsibilidad de un evento de gran magnitud era alta, dado que la zona se encuentra atravesada por la falla de San Sebastián, una de las más activas en el territorio venezolano. En este sentido, los expertos señalan que la vulnerabilidad de la zona no depende exclusivamente de la magnitud del sismo, sino de las características geológicas propias del litoral central.
El constructor Elías Chayeb hijo profundizó en este análisis, señalando que gran parte del terreno en la zona corresponde a depósitos aluviales y sedimentos ganados al mar. Estas condiciones geológicas tienden a amplificar las ondas sísmicas, un efecto que se agrava considerablemente cuando existe saturación de agua en el subsuelo.
A pesar de estos riesgos, los especialistas no recomiendan el abandono de la zona costera. Por el contrario, sostienen que La Guaira puede seguir siendo habitable, siempre y cuando se implementen estudios geotécnicos rigurosos antes de autorizar cualquier nueva edificación. Chayeb enfatiza la necesidad de limitar la altura de los edificios en las áreas más vulnerables y establecer una planificación urbana que priorice construcciones bajas sobre terrenos que hayan sido previamente evaluados. Bajo su criterio, la solución no radica en dejar de construir, sino en hacerlo correctamente.
Otro factor crítico identificado tras las inspecciones es la influencia del entorno marino. El ingeniero civil Samuel Orsini explicó que la alta concentración de cloruros en el aire y el agua de las zonas costeras provoca un deterioro progresivo del concreto armado. Este proceso genera corrosión en las cabillas de acero, lo que debilita la resistencia estructural si no se aplican planes de mantenimiento preventivo.
En sintonía con esto, el ingeniero André Pinho señaló que muchos de los inmuebles afectados nunca recibieron los tratamientos especiales necesarios contra el salitre. Si bien ambos ingenieros coinciden en que la corrosión no fue la causa principal de los colapsos, sí admiten que fue un factor que incrementó la vulnerabilidad de muchas estructuras frente al movimiento sísmico.
Un punto que ha generado interrogantes entre los expertos es la disparidad en la resistencia de los edificios. Se ha observado que algunas construcciones relativamente recientes, diseñadas bajo normas sismorresistentes modernas, sufrieron daños severos o colapsaron, mientras que algunas edificaciones privadas más antiguas resistieron el impacto. Este fenómeno evidencia la urgencia de realizar investigaciones técnicas independientes para determinar si hubo fallas en la ejecución de las obras, en la calidad de los materiales utilizados, en el diseño o en la aplicación real de las normas de construcción.
Finalmente, el consenso entre los especialistas es que cualquier proceso de reconstrucción debe basarse en estudios geológicos detallados y en una revisión profunda de los códigos de ingeniería vigentes. Es imperativo incorporar tecnologías modernas que respondan a las particularidades del litoral venezolano. La tragedia demuestra que el conocimiento del suelo, el diseño adecuado y el mantenimiento permanente son los factores decisivos para salvar vidas en un país ubicado sobre fallas geológicas activas.


