La Fundación Pensar, el think tank del partido Pro liderado por Mauricio Macri, ha publicado un documento donde plantea un interrogante crítico y directo hacia la gestión del presidente Javier Milei: “¿Para quién está funcionando el modelo?”. El análisis, coordinado por María Eugenia Vidal, no se centra en los sectores ganadores y perdedores desde una perspectiva puramente económica, sino que profundiza en la experiencia humana y social, diferenciando quiénes están percibiendo mejoras y quiénes atraviesan dificultades, a pesar del orden macroeconómico impuesto por el Gobierno.
Según los técnicos de la fundación, el impacto del modelo libertario es heterogéneo y depende de múltiples variables. El documento sostiene que no es lo mismo ser joven que jubilado, o trabajar en el sector privado que en el Estado. Asimismo, destacan que la situación varía drásticamente según se resida en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires o en el conurbano, si se posee ahorro en dólares o se vive al día, y si se es propietario o inquilino. En este contexto, los analistas señalan una paradoja central: los indicadores numéricos mejoran a un ritmo más veloz que la vida cotidiana de los ciudadanos.
El informe advierte que el Gobierno ha superado la primera etapa, consistente en demostrar que la macroeconomía puede ordenarse, y ahora ingresa en una segunda fase más compleja: convertir ese orden en un bienestar social reconocible. La cuestión fundamental ya no es la baja de la inflación, sino si los diversos grupos sociales pueden sentir que el modelo también funciona para ellos.
Para ilustrar esta disparidad, la Fundación Pensar identifica cuatro "experiencias sociales" distintas. En primer lugar, se encuentran los "Ganadores Tempranos", personas con activos, dólares, capital, ingresos altos o inserción en sectores dinámicos, quienes cuentan con más herramientas para aprovechar el nuevo orden. En segundo lugar están los "Esperadores", integrados mayormente por la clase media formal privada, jóvenes adherentes a la promesa de futuro y sectores productivos del interior que comienzan a ver recuperaciones salariales.
En el extremo opuesto se ubican los "Ajustados", principalmente la clase media baja, que aunque no ha caído en la pobreza, ha perdido estándar de vida y se encuentra en una zona gris: demasiado rica para recibir asistencia estatal y demasiado pobre para vivir tranquila. Finalmente, se encuentran los "Perdedores Directos", grupo compuesto por jubilados que cobran la mínima, empleados públicos, trabajadores informales, hogares pobres con niños, sectores del conurbano y aquellos vinculados al mercado interno sin margen de ahorro.
El documento reconoce que, en su fase inicial, el Gobierno evitó el colapso económico mediante la disciplina fiscal, la baja de la inflación y la recomposición de expectativas. Sin embargo, alerta que la recuperación puede ser "estadísticamente real y políticamente insuficiente" si sectores clave como la clase media baja, los jubilados y los jóvenes no perciben una mejora tangible, especialmente de cara a las elecciones del próximo año.
El análisis incluye un informe de Fernando Moiguer, economista y profesor, quien describe una "transformación veloz, feroz y múltiple" hacia un modelo extractivo. Moiguer señala que, por primera vez en el siglo XXI, el producto y el consumo se han desacoplado, lo que significa que el consumo ya no es el motor del crecimiento económico. Además, advierte que la tradicional "medialuna" económica (Buenos Aires, Rosario, Córdoba y Mendoza) está siendo desplazada por nodos pampeanos, andinos y patagónicos. En este nuevo mapa, el AMBA quedaría como "el pato de la boda", ya que la minería, el petróleo y el agro serán los motores, mientras que la manufactura no recibiría los mismos beneficios.
Esta reconfiguración geográfica plantea dudas sobre el empleo. Hernán Lacunza, exministro de Economía de Macri, advierte que los sectores ganadores (energía, minería y agro) son poco intensivos en mano de obra, generando apenas 250.000 empleos directos. En contraste, los sectores perdedores, como la construcción y la industria manufacturera, emplean a casi 4 millones de trabajadores, a los que se suman otros 4 millones en el sector comercio. Lacunza ejemplifica esta brecha señalando que el salario de un petrolero neuquino es seis veces más alto que el de un textil bonaerense.
Moiguer concluye que Argentina ha entrado en la era del "fin de los promedios", donde el "promedio país" ya no sirve para entender al consumidor, ya que cada territorio responderá de modo distinto según su Producto Bruto. Por su parte, Lacunza define un "triángulo de desarrollo" basado en tres vértices: el económico (estabilidad y crecimiento), el social (empleo e ingreso) y el político (continuidad institucional). Advierte que si el vértice social falla y el dinero no alcanza, se puede generar un ciclo vicioso de menos votos, fuga al dólar y menor empleo.
Finalmente, Mora Jozami, directora de Casa Tres, indica que aunque la imagen del Gobierno mejora y crece la esperanza, este apoyo se sostiene más en una combinación de expectativas y paciencia social que en resultados percibidos en el día a día. El documento cierra enfatizando que el desafío del Pro para el Gobierno es pasar de una narrativa de orden a una experiencia real de mejora, donde los ciudadanos puedan afirmar: “Ahora sí, a mí también me está yendo mejor”.


