La Federación Italiana de Fútbol (FIGC) se encuentra sumida en una nueva crisis institucional que ha dejado vacantes puestos clave en la estructura deportiva de la selección nacional. Tras un periodo de apenas 16 días, Paolo Maldini y Leonardo han abandonado sus cargos en la organización, marcando un final abrupto para un proyecto que buscaba devolver el esplendor al fútbol italiano después de la decepción que supuso no haberse clasificado para el Mundial 2026.
El proceso de reestructuración comenzó con la salida de Gabriele Gravina, quien dimitió de su cargo. En su lugar, Giovanni Malagò asumió la presidencia, y desde su posición como nuevo presidente de la Serie A, procedió a nombrar a la leyenda del AC Milan, Paolo Maldini, como director técnico. Maldini, quien contó con el respaldo y el apoyo de Leonardo, recibió la responsabilidad fundamental de liderar la búsqueda y selección del nuevo entrenador que debía conducir a la Squadra Azzurra hacia una nueva etapa de éxitos.
Durante la fase de búsqueda, el dúo conformado por Maldini y Leonardo analizó perfiles de primer nivel internacional. Entre los nombres que fueron barajados se encontraban figuras de la talla de Pep Guardiola y Carlo Ancelotti. Tras evaluar las opciones, los directivos se decidieron finalmente por Andrea Pirlo, el mítico mediocentro y campeón del mundo en 2006. Según las informaciones disponibles, ya se había alcanzado un acuerdo con Pirlo y el anuncio oficial de su nombramiento estaba previsto para esta misma semana.
Sin embargo, el proceso de contratación se vio interrumpido por un problema externo que entorpeció las negociaciones. La controversia surgió a raíz de la relación de Andrea Pirlo con Fonbet, una empresa rusa de apuestas deportivas de la cual el técnico es embajador mundial. El conflicto se intensificó cuando salieron a la luz los vínculos financieros existentes entre Sergey Lomakin, propietario del Manchester United, y la mencionada empresa Fonbet.
Esta situación provocó una reacción inmediata y negativa en el ámbito político italiano. Diversos sectores políticos denunciaron la elección de Pirlo como seleccionador, argumentando que sus vínculos con la entidad rusa eran incompatibles con el cargo. Ante la indignación generalizada y la presión política, el presidente Giovanni Malagò decidió cambiar de rumbo y descartar el nombramiento de Pirlo, una decisión que generó un profundo disgusto en Maldini y Leonardo.
Como consecuencia directa de este veto, Paolo Maldini y Leonardo presentaron su dimisión. De acuerdo con el periodista italiano Gianluca Di Marzio, ambos directivos habían condicionado su permanencia a la llegada de Pirlo al banquillo, quien anteriormente había dirigido a la Sampdoria. Esta salida masiva de figuras emblemáticas ha provocado una nueva conmoción en Italia, justo en el momento en que el país esperaba un soplo de aire fresco para recuperar la gloria perdida en el ámbito internacional.
Actualmente, el presidente Malagò busca soluciones para llenar los huecos dejados por las dimisiones. La prensa transalpina indica que el presidente está considerando a Giorgio Chiellini, quien se desempeña como director de estrategia deportiva en la Juventus, para ocupar el lugar de Maldini en la dirección técnica.
En cuanto al banquillo de la Nazionale, el panorama ha vuelto a abrirse. Antonio Conte se ha posicionado como el nuevo favorito para dirigir a la selección; el técnico se encuentra como agente libre desde su salida del Nápoles en mayo y posee la experiencia de haber liderado a Italia entre los años 2014 y 2016. Asimismo, Roberto Mancini ha recuperado protagonismo en la carrera por el puesto, mientras que Thiago Motta también es señalado como uno de los candidatos preferidos.
Mientras tanto, la posibilidad de contratar a Pep Guardiola ha pasado a ser considerada una fantasía, dejando en evidencia que la crisis institucional y deportiva en el fútbol italiano continúa su curso sin una resolución clara a la vista.


