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El arte de escuchar: cómo la atención consciente transforma la salud mental y física

Escuchar con atención sonidos agradables puede favorecer la salud física y mental. La psicología, el arte y la ciencia explican sus beneficios.

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El arte de escuchar: cómo la atención consciente transforma la salud mental y física
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Oír es un proceso biológico pasivo, pero escuchar es un acto deliberado que impacta profundamente en la salud física y mental. La escucha consciente permite al cerebro reducir la saturación mental, mitigar el estrés y mejorar el estado de ánimo, especialmente cuando nos exponemos a sonidos agradables de la naturaleza o piezas musicales analizadas con atención. Desde la ciencia y la psicología, se destaca que los paisajes sonoros naturales y la música instrumental actúan como herramientas terapéuticas que potencian emociones positivas y el rendimiento cognitivo. Asimismo, aplicar la escucha activa en las relaciones interpersonales fortalece la empatía y reduce conflictos, convirtiendo este hábito en una pieza clave del autocuidado y el bienestar integral.

En la cotidianidad de un mundo saturado de ruido, a menudo se confunde el acto de oír con el de escuchar. Mientras que el primero es un proceso biológico pasivo, el segundo requiere una atención deliberada por parte del receptor. Esta distinción no es meramente semántica, sino que tiene implicaciones profundas en el bienestar del ser humano, ya que escuchar con conciencia puede impactar positivamente tanto en la salud física como en la mental.

De acuerdo con la psicóloga clínica Nancy Gálvez, de Psicosalud NG, el cerebro no se limita a percibir sonidos cuando se presta atención, sino que los interpreta y les asigna un significado. Este proceso activa diversas áreas cerebrales relacionadas con la memoria, la atención, la audición y las emociones. Gracias a esta capacidad, las personas pueden reconocer una voz familiar, disfrutar de una melodía o dejarse llevar por el efecto relajante de la naturaleza. Al practicar la escucha consciente, el cerebro reduce la cantidad de estímulos a los que intenta responder simultáneamente, lo que favorece un estado de mayor presencia y concentración, ayudando a mitigar la sensación de saturación mental.

Sin embargo, la experta advierte que los beneficios dependen directamente de la naturaleza del sonido y de las experiencias previas del individuo. Solo aquellos estímulos que resulten agradables —como el canto de las aves, la lluvia o el sonido del mar— logran activar los sistemas cerebrales vinculados al bienestar, reduciendo el estrés y mejorando el estado de ánimo.

En el ámbito artístico, el músico Sergio Reyes, miembro de la Orquesta Sinfónica Nacional, profundiza en la capacidad de análisis que surge al escuchar música con atención. Reyes sostiene que una escucha activa permite identificar notas, registros y alturas, llegando incluso a percibir "colores" a través de la armonía. Según el músico, la agrupación de notas puede generar sensaciones de brillo, opacidad u oscuridad en el sonido, transformando la experiencia de quien escucha: ya no se percibe la obra como un edificio terminado, sino que se analiza su construcción, similar a la labor de un ingeniero.

Para Reyes, la clave del disfrute musical, especialmente en conciertos, radica en apartar el espacio mental necesario, dejando de lado las preocupaciones diarias para concentrarse plenamente en el mensaje del artista. Esta práctica es recomendable tanto en teatros de música de cámara como en orquestas sinfónicas o espacios urbanos. Asimismo, el músico enfatiza la importancia de reservar tiempo en el hogar, utilizando auriculares para prestar atención total a cada acorde y letra. Entre los géneros recomendados para propiciar el bienestar físico y mental, destacan el jazz, la música contemporánea, la música instrumental y la ópera de los periodos barroco, clásico y romántico. Reyes hace un llamado especial a no menospreciar el impacto de los conciertos en vivo y la riqueza de los instrumentos acústicos, especialmente para niños y jóvenes habituados al uso de tablets y teléfonos.

Por otro lado, la ciencia ha respaldado el valor terapéutico de los entornos acústicos. Investigadores de la Universidad de Carleton en Canadá, junto a las universidades estatales de Michigan y Colorado en Estados Unidos, analizaron 18 estudios sobre el sonido natural. Sus hallazgos, presentados en 2022, revelan la capacidad restauradora de los sonidos producidos por seres vivos y fenómenos naturales. Si bien los grandes parques naturales son ideales, los jardines caseros y parques urbanos con baja interferencia de ruido humano también aportan beneficios.

El informe detalla que sonidos como el aullido de los lobos, la lluvia o el canto de los pájaros conectan a las personas con la naturaleza, disminuyendo la percepción del dolor, reduciendo el estrés y mejorando el rendimiento cognitivo. Específicamente, se observó que los sonidos del agua son más efectivos para potenciar emociones positivas, mientras que el canto de las aves es superior para combatir la sensación de molestia y el estrés. Curiosamente, este efecto fue notado por muchas personas durante la pandemia de COVID-19, cuando la disminución del tráfico permitió una reconexión con los paisajes sonoros cercanos.

Finalmente, la escucha consciente se extiende al plano interpersonal. La psicóloga Nancy Gálvez vincula la escucha profunda con la escucha activa clínica, la cual implica prestar atención no solo a las palabras, sino al tono de voz, los silencios, las emociones y el lenguaje no verbal. Esta práctica fortalece la empatía y la confianza, mejorando la calidad de las relaciones. Gálvez señala que muchos conflictos no nacen de una falta de comunicación, sino de una falta de escucha. Al comprender antes de responder, se evitan interpretaciones apresuradas y se promueven conversaciones constructivas.

En conclusión, desarrollar la habilidad de escuchar —ya sea la voz de otro ser humano, una pieza musical o los sonidos del entorno— es una herramienta fundamental de autocuidado. Esta práctica no solo mejora el vínculo con los demás, sino que permite una conexión más íntima con las propias emociones, reduciendo la ansiedad y promoviendo un bienestar psicológico integral.

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