La revista Nature ha publicado recientemente un hallazgo de investigación básica que podría representar un avance fundamental en la lucha contra el cáncer de mama basal (BLBC), una de las variantes más agresivas de esta enfermedad. Un equipo de científicos del Instituto de Investigación Lunenfeld-Tanenbaum, ubicado en Canadá, ha logrado resolver un enigma prolongado sobre la manera en que los cromosomas anormales impulsan el desarrollo del cáncer, identificando 81 nuevos genes involucrados específicamente en este tipo de tumor.
El cáncer de mama basal se caracteriza por compartir numerosas similitudes con el cáncer de mama triple negativo. Esta denominación se debe a que los tumores carecen de los tres receptores principales que los médicos utilizan habitualmente para diagnosticar y tratar otras formas de cáncer de mama. Esta ausencia de receptores limita drásticamente las opciones de terapia de precisión, dejando a las pacientes con muy pocas alternativas terapéuticas eficaces. Además, se ha observado que este subtipo de cáncer afecta de manera desproporcionada a mujeres jóvenes negras y afrodescendientes.
Uno de los mayores desafíos para combatir el BLBC es la presencia de reordenamientos cromosómicos, un fenómeno conocido como aneuploidía. En este proceso, grandes regiones de los cromosomas se pierden o se duplican repetidamente. Mientras que este tipo de desorden genético resultaría devastador para las células sanas, en las células cancerosas actúa como un catalizador que acelera su crecimiento y facilita su propagación por todo el organismo. El problema radica en que cada región cromosómica afectada contiene cientos de genes, lo que hacía que, hasta ahora, fuera prácticamente imposible determinar cuáles de ellos eran los responsables reales de impulsar la enfermedad.
Esta falta de conocimiento ha generado una brecha significativa en las tasas de supervivencia. Los investigadores señalan que, en muchos tipos de cáncer de mama que han sido estudiados exhaustivamente, la tasa de supervivencia a cinco años alcanza aproximadamente el 95%, debido a que se han identificado los genes impulsores. Sin embargo, en el caso del cáncer de mama basal, el desconocimiento del factor desencadenante ha derivado en algunos de los peores resultados clínicos para las pacientes.
Para superar este obstáculo, el equipo de Toronto desarrolló una innovadora herramienta de edición genética. Inicialmente, se basaron en años de trabajo previo adaptando la tecnología CRISPR para su aplicación en la glándula mamaria del ratón, un modelo ampliamente aceptado para el estudio de esta patología. Aunque este sistema permitía probar miles de genes simultáneamente en un solo animal, presentaba una limitación crítica: solo podía silenciar genes, pero no activarlos.
Para solventar esta deficiencia, los investigadores crearon el sistema CRISPR-Koala (Knockout and Activation Linked Assay). Esta herramienta permite, en un mismo ratón, silenciar ciertos genes y activar otros. Gracias a esta capacidad, los científicos pudieron probar sistemáticamente qué ocurría cuando genes individuales faltaban o se multiplicaban, simulando los reordenamientos cromosómicos reales que ocurren en el cáncer de mama basal.
Mediante el uso de CRISPR-Koala, el equipo examinó más de 3.700 genes situados en los cromosomas que suelen presentar alteraciones en el BLBC. El resultado fue la identificación de 81 genes impulsores del cáncer que eran totalmente desconocidos hasta el momento. Un dato revelador del estudio es que el 90% de estos genes no habían sido detectados en los experimentos estándar realizados en cultivos celulares, lo que subraya la importancia de haber utilizado modelos animales complejos.
Entre los genes descubiertos, el PLGRKT ha destacado como un factor especialmente potente en el desarrollo del tumor. Este gen permite que las células cancerosas sobrevivan en entornos donde el oxígeno es escaso, modificando su proceso metabólico para generar energía sin necesidad de oxígeno. Esta resistencia no solo ayuda a la supervivencia celular, sino que promueve activamente el crecimiento del tumor, posicionando al gen PLGRKT como un candidato prometedor para el desarrollo de terapias dirigidas.
El equipo de investigación concluyó que este avance ha sido posible gracias a la combinación de análisis computacionales, desarrollo biotecnológico y experimentos de genómica funcional en modelos tanto de ratones como de humanos. Este enfoque integral ha permitido descubrir funciones genéticas previamente ignoradas y abrir el camino para diseñar tratamientos específicos que aborden el cáncer de mama basal de forma dirigida.


