La administración del presidente Donald Trump ha puesto en pausa su campaña de bombardeos nocturnos contra Irán tras casi dos semanas de ataques consecutivos. Esta decisión surge en medio de un clima de tensión interna en la Casa Blanca, donde altos funcionarios y líderes militares han expresado su profunda preocupación por las implicaciones de una posible escalada mayor en el conflicto, según informaron fuentes familiarizadas con el asunto y funcionarios estadounidenses a CNN.
Durante una reunión celebrada el pasado viernes en la Casa Blanca, el vicepresidente de Estados Unidos, J. D. Vance, y el jefe del Estado Mayor Conjunto, el general Dan Caine, manifestaron sus reservas mientras el presidente Trump sopesaba la posibilidad de intensificar las operaciones militares. El general Caine advirtió específicamente sobre el estado actual del stock de municiones de Estados Unidos, señalando que, aunque las fuerzas armadas cuentan con la capacidad de ejecutar las opciones disponibles y alcanzar el éxito, existen implicaciones negativas significativas que deben ser consideradas.
Una de las preocupaciones más críticas discutidas durante el encuentro fue la posibilidad de que se produzcan víctimas civiles en grandes cantidades dentro de Irán si se reanudan las operaciones de combate a gran escala. Fuentes cercanas al asunto indican que Trump había amenazado durante la última semana con atacar infraestructura civil, incluyendo centrales eléctricas, puentes y carreteras. Ante esto, se le advirtió al mandatario que tales acciones podrían constituir crímenes de guerra, dejando a decenas de iraníes muertos y a una gran parte de la población sin acceso a alimentos ni electricidad.
Además del impacto humanitario inmediato, los asesores plantearon otros riesgos estratégicos. Entre ellos se encuentran el desencadenamiento de una crisis de refugiados, la posibilidad de que Irán lance represalias contra la infraestructura de desalinización y energética en el Golfo, y el riesgo general de una escalada regional descontrolada. Aunque la mayoría de los asesores coincidieron en que Estados Unidos posee la capacidad de lanzar un ataque devastador, enfatizaron que el presidente debe evaluar los efectos de segundo y tercer orden antes de dar tal paso.
La crisis de suministros militares parece ser un factor determinante en la deliberación actual. El embajador de Estados Unidos ante las Naciones Unidas, Mike Waltz, explicó que la ayuda proporcionada a Ucrania en su conflicto bélico agotó gran parte de las reservas de municiones del país. Waltz señaló que, si bien se heredó una situación difícil y se han gastado recursos en la lucha contra los hutíes, el gobierno está trabajando en el reabastecimiento con municiones de mayor capacidad tecnológica y menor costo.
Desde el ámbito político, los demócratas han criticado duramente la gestión de la administración Trump. El senador Chris Van Hollen calificó la intervención como una "guerra sin sentido" y advirtió que el agotamiento de los interceptores, esenciales para proteger a las tropas estadounidenses de ataques iraníes inminentes, pone en riesgo la seguridad nacional y limita la capacidad de respuesta ante otros posibles conflictos globales.
Por su parte, la Casa Blanca ha mantenido una postura dual. Steven Cheung, director de Comunicaciones, afirmó que el presidente Trump prefiere una solución diplomática, aunque mantiene todas las opciones abiertas si Irán continúa con actividades terroristas contra aliados o en el estrecho de Ormuz. Cheung subrayó que la combinación de sanciones económicas y los 13 días de ataques contra objetivos militares hace que sea prudente que Irán busque un acuerdo negociado.
A pesar de las amenazas públicas de "aumentar la dosis" de los bombardeos, fuentes internas revelan que Trump ha ordenado en privado a sus negociadores que continúen hablando con Irán, sugiriendo que el mandatario intenta gestionar una escalada limitada sin desplegar tropas en el terreno. No obstante, pocos dentro del Pentágono y el círculo íntimo del presidente creen que una mayor escalada militar produzca los resultados deseados.
Mientras tanto, el portavoz del Pentágono, Sean Parnell, defendió la capacidad operativa de las fuerzas armadas, asegurando que poseen un arsenal profundo para proteger los intereses estadounidenses. En paralelo, los países del Golfo han solicitado moderación en las acciones de Estados Unidos, aunque reconocen que Washington dispone de capacidades únicas para escalar el conflicto si así lo decide.

