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Desarticulan estructuras criminales vinculadas a 360 homicidios: Caen Diablo, Tan y Coco Guácimo

Aunque no alcanzaron el grado de carteles, las organizaciones comandadas por Alejandro Arias, Jonathan Pérez y Roney Díaz Oconitrillo, conocidos como Diablo, Tan y Coco Guácimo, ejercieron un nivel de violencia superior al de una banda transnacional.

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Desarticulan estructuras criminales vinculadas a 360 homicidios: Caen Diablo, Tan y Coco Guácimo
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El Organismo de Investigación Judicial neutralizó a tres de los criminales más peligrosos de Costa Rica en un operativo táctico en Sarapiquí. Alejandro Arias, alias Diablo, y Jonathan Pérez, alias Tan, fueron detenidos, mientras que Roney Díaz, conocido como Coco Guácimo, murió en un enfrentamiento armado que duró 50 minutos. Estas estructuras criminales locales son responsables de al menos 360 homicidios, superando el nivel de violencia de carteles transnacionales. Desde 2016, los tres líderes controlaron el tráfico de drogas y contrabando en diversas regiones del país mediante una organización jerárquica basada en el terror y la colonización territorial. El impacto de su accionar es devastador: solo al grupo de Diablo se le atribuyen 200 asesinatos y una recompensa estadounidense de 500 mil dólares. Por su parte, Tan y Coco Guácimo suman otros 160 homicidios, incluyendo la muerte de oficiales de la Fuerza Pública.

En un operativo táctico coordinado por el Organismo de Investigación Judicial (OIJ), las autoridades costarricenses lograron neutralizar a tres de los criminales más buscados del país: Alejandro Arias, conocido como "Diablo"; Jonathan Pérez, alias "Tan"; y Roney Díaz Oconitrillo, apodado "Coco Guácimo". La intervención, ocurrida el viernes 24 de julio en una finca privada ubicada en Sarapiquí, culminó con la detención de Arias y Pérez, mientras que Díaz Oconitrillo fue abatido durante un enfrentamiento armado con los grupos tácticos que se prolongó por aproximadamente 50 minutos.

Estas tres figuras encabezaban organizaciones criminales que, aunque no fueron clasificadas técnicamente como carteles de droga, ejercieron un nivel de violencia superior al de cualquier banda transnacional. Según el director del OIJ, Michael Soto, a estas estructuras se les atribuyen al menos 360 homicidios. No obstante, Soto advirtió que esta cifra es conservadora, debido al modo de operar de estos grupos, los cuales han hecho del uso sistemático de la violencia su principal herramienta de control.

La distinción técnica entre estas organizaciones y un cartel radica en la transnacionalidad. Según explicó el jerarca del OIJ, los grupos de Diablo, Tan y Coco Guácimo no expandieron sus operaciones fuera de las fronteras nacionales, lo que los mantiene en la categoría de estructuras locales. Sin embargo, se definen como clanes muy fuertes y altamente organizados que se dedicaron a la colonización de territorios para la distribución de narcóticos y la diversificación de sus ganancias ilícitas.

Desde el año 2016 hasta la actualidad, estos sujetos lograron instaurar un control férreo sobre el tráfico local de drogas, así como el contrabando de licor y cigarrillos en diversas regiones del país. Su radio de influencia abarcó localidades como Pococí, Guácimo, Batán, Valle La Estrella, Sarapiquí, la zona norte, Cañas, Liberia, Santa Cruz, Nicoya, Quepos, Parrita, Garabito y Osa.

A pesar de su naturaleza local, estas organizaciones presentaban una estructura jerárquica compleja. Contaban con cabecillas, una división clara de funciones y células especializadas. Entre sus operativos se encontraban personas dedicadas exclusivamente a la recolección de dinero, la gestión de loterías clandestinas y el transporte de sustancias prohibidas, además de grupos encargados de ejecutar amenazas, extorsiones y asesinatos.

El director de la Policía Judicial destacó un dato alarmante: estas estructuras locales resultaron ser más violentas que los únicos dos carteles de droga desarticulados en la historia de Costa Rica. El primero fue el cartel del Caribe Sur, liderado por los extraditables Luis Manuel Picado Grijalba ("Shock") y Jordie Kevin Picado Grijalba ("Noni"), intervenido en noviembre de 2025 mediante la Operación Traición. El segundo fue el grupo de Edwin López Vega ("Pecho de Rata"), desmantelado en junio de este año durante el caso Riverside, en los operativos más grandes registrados en la historia de la Policía Judicial.

La relación entre estos grupos era de suministro y distribución. Los carteles de Shock, Noni y Pecho de Rata se ubicaban en la cima de la pirámide criminal y eran quienes abastecían de cocaína y marihuana a Diablo, Tan y Coco Guácimo. Estos últimos se encargaban de la venta al detalle en las calles y de disputarse el control territorial, pugnas que, según Michael Soto, son la causa principal de gran parte de los homicidios en el país.

El historial individual de los tres líderes refleja la magnitud de la violencia. Alejandro Arias ("Diablo") inició sus operaciones en 2016, intensificando su actividad criminal a partir de 2019; solo a su grupo se le vinculan 200 asesinatos. Debido a su alto perfil y a que llevaba casi una década prófugo, el Departamento de Estado de Estados Unidos había ofrecido una recompensa de hasta 500.000 dólares por información sobre su paradero el pasado 30 de abril de 2025.

Por su parte, Jonathan Pérez ("Tan") comenzó a operar en Guácimo en 2020 y se le atribuyen 100 homicidios, entre ellos el asesinato de dos oficiales de la Fuerza Pública. El caso más reciente fue el del oficial Gerson Rosales, de 28 años, quien fue asesinado por la espalda el 13 de mayo durante un operativo de rutina en Batán de Matina. Finalmente, Roney Díaz Oconitrillo ("Coco Guácimo") inició sus actividades en 2021, con un saldo de al menos 60 homicidios atribuidos a su organización.

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