Al alcanzar la cuarta década de vida, muchas personas comienzan a notar cambios significativos en la forma en que su cuerpo reacciona a la alimentación. El aumento de peso repentino y la dificultad para mantener la figura habitual se convierten en preocupaciones recurrentes, lo que a menudo lleva a la adopción de dietas restrictivas que eliminan por completo los carbohidratos. Sin embargo, los expertos advierten que esta medida puede no ser la más adecuada para la salud a largo plazo.
La clave, según los especialistas, no reside en la supresión total de este grupo alimenticio, sino en una selección consciente basada en la calidad nutricional. Los carbohidratos son la fuente primordial de energía para el funcionamiento del cerebro y los músculos, por lo que su eliminación completa no es recomendable. El verdadero desafío después de los 40 años es navegar los cambios hormonales y metabólicos que transforman la gestión energética del organismo.
Javiera Herrera, directora de Nutrición y Dietética de la Universidad Andrés Bello, sede Viña del Mar, explica que la percepción de que el peso es más difícil de controlar en esta etapa tiene una base biológica. Según la especialista, esto ocurre debido a que existe una disminución progresiva de la masa muscular y del gasto energético general, lo que provoca que la alimentación adquiera un rol mucho más determinante en la salud global del individuo.
En este contexto, Herrera enfatiza que la estrategia correcta no es prohibir, sino elegir. La calidad de los carbohidratos que se consumen comienza a marcar una diferencia crítica en la prevención de enfermedades metabólicas y cardiovasculares. Para favorecer el control del peso, mejorar la sensibilidad a la insulina y reducir el riesgo de padecer diabetes tipo 2, es fundamental priorizar aquellos alimentos ricos en fibra e integrales.
Entre las mejores alternativas recomendadas se encuentran las legumbres, la avena, la quinoa, el arroz integral, el pan integral de grano entero, así como las frutas y las verduras. Estos alimentos no solo aportan fibra, sino también vitaminas y minerales esenciales. Su principal ventaja es que permiten una liberación más lenta de la glucosa en la sangre, evitando los picos insulinémicos que favorecen el almacenamiento de grasa.
La académica señala que, después de los 40 años, priorizar alimentos con un menor índice glicémico es vital, ya que ayudan a mantener niveles de glucosa más estables, proporcionan una mayor sensación de saciedad y facilitan un control más efectivo del apetito. Además, destaca que la fibra desempeña un papel multifacético en esta etapa: favorece la salud digestiva, contribuye al manejo del peso corporal y ayuda a controlar la glicemia.
Un punto fundamental es la transición hacia hábitos más saludables mediante pequeños cambios cotidianos. Sustituir el pan blanco, el arroz blanco o los cereales refinados por sus versiones integrales aumenta significativamente la ingesta de nutrientes protectores y fibra, generando grandes beneficios con ajustes sencillos en la dieta.
Por el contrario, el verdadero riesgo reside en los carbohidratos ultraprocesados. Estos productos, que suelen ser ricos en azúcares añadidos y carecen de valor nutricional, incluyen las bebidas azucaradas, golosinas, pasteles, galletas, cereales refinados y snacks dulces. El consumo frecuente de estos alimentos provoca aumentos bruscos de glicemia, afectando negativamente la salud metabólica. "Los principales problemas no están en los carbohidratos naturales, sino en los productos ultraprocesados con grandes cantidades de azúcar y muy poco aporte nutricional", advierte Herrera.
Otro aspecto innovador que resalta la especialista es la influencia de la preparación de los alimentos. No solo importa qué se come, sino cómo se cocina. Por ejemplo, una pasta cocida "al dente" mantiene un índice glicémico menor que una que ha sido sobrecocida. Asimismo, el arroz o la papa que han sido cocidos y posteriormente enfriados desarrollan almidón resistente, un compuesto que mejora la respuesta glicémica y beneficia la salud intestinal.
Para optimizar la absorción de glucosa y aumentar la saciedad, la recomendación es combinar siempre los carbohidratos con proteínas de buena calidad, grasas saludables y una abundancia de verduras.
Finalmente, Javiera Herrera recuerda que la nutrición no debe ir sola. Para preservar la masa muscular después de los 40 años, es fundamental complementar la alimentación con actividad física, haciendo especial énfasis en los ejercicios de fuerza. La conclusión de la especialista es clara: los carbohidratos no son el enemigo; la diferencia radica en elegir calidad, controlar las porciones y mantener un estilo de vida activo para asegurar la salud a largo plazo.


