La atmósfera de tristeza y desazón que dejó la derrota de la Selección Argentina frente a España en la final del Mundial ha encontrado un eco preocupante en las instalaciones de Boca Juniors. Mientras el país procesaba el resultado del encuentro, en el club xeneize el foco de atención se centraba específicamente en la figura de Leandro Paredes, el capitán del equipo, cuya situación física ha encendido todas las alarmas en el cuerpo técnico y la dirigencia.
El mediocampista, quien ingresó al campo de juego durante el entretiempo del partido final, se convirtió rápidamente en el centro de una incertidumbre que trascendió lo deportivo. Inicialmente, la duda en el entorno de Boca radicaba en la logística de su regreso al país. Se debatía si el jugador se tomaría un periodo de descanso necesario tras el desgaste físico y mental que implica un certamen mundialista, o si, por el contrario, se reintegraría de manera inmediata al plantel profesional para ponerse bajo las órdenes del entrenador Rodolfo Arruabarrena.
Sin embargo, esta incertidumbre administrativa fue rápidamente desplazada por una noticia médica inesperada y preocupante. Junto al dolor por la caída en la final, surgió la revelación de un problema físico serio que Paredes había estado ocultando o gestionando con extrema discreción. Según la información trascendida, el capitán del Xeneize sufrió una fisura en una costilla, una lesión que no fue reciente, sino que lo habría acompañado durante los últimos encuentros disputados con la Selección Argentina.
Lo más impactante de la situación es que Paredes decidió afrontar los compromisos finales del Mundial a pesar de convivir con esta dolencia. El peso del momento histórico y la trascendencia de lo que se jugaba la Selección Argentina lo impulsaron a jugar con el dolor, manteniendo la situación bajo estricta reserva puertas adentro del plantel nacional. Esta fisura no solo representó un riesgo físico, sino que, según se conoció, le generó dificultades reales para respirar con normalidad durante los minutos que estuvo en cancha, afectando su rendimiento óptimo pero permitiéndole cumplir con su rol en el campo.
Esta revelación ha generado una profunda preocupación en Rodolfo Arruabarrena. El entrenador de Boca se encuentra en una posición delicada, ya que la planificación de las próximas semanas dependía en gran medida de la disponibilidad de su capitán. La intención original del cuerpo técnico era mantener un diálogo directo con el futbolista para coordinar la fecha exacta de su incorporación al grupo de trabajo, pero ahora el factor médico se ha vuelto la variable determinante. La fisura en la costilla cambia completamente el panorama, ya que el tiempo de recuperación y la evolución de la lesión dictarán el calendario de Paredes.
El contexto temporal para Boca es crítico. El club tiene compromisos internacionales inmediatos que requieren de su máxima capacidad competitiva. El equipo deberá enfrentar el partido de ida de los 16avos de final de la Copa Sudamericana contra el club chileno O’Higgins. Este encuentro está programado para disputarse este jueves en la Bombonera, donde la ausencia del capitán podría dejar un vacío sensible en el esquema táctico de Arruabarrena. Posteriormente, el calendario marca la revancha, la cual está prevista para el próximo 30 de julio en territorio chileno.
Ante este escenario, el club xeneize se ve obligado a entrar en una etapa de espera. La prioridad ahora es monitorear la evolución de la lesión de Paredes para determinar si podrá recuperarse a tiempo para alguno de los dos encuentros contra O’Higgins o si su ausencia se prolongará más de lo previsto. La salud del mediocampista es hoy la prioridad, mientras el equipo busca la manera de solventar la posible baja de una de sus piezas fundamentales en un momento decisivo de la competición continental.


