España ha alcanzado la cima del fútbol mundial una vez más. La Selección Española se ha proclamado campeona del mundo, un logro que permite a Ferrán Torres "coser" simbólicamente la segunda estrella sobre el escudo de La Roja. Este triunfo no es un hecho aislado, sino que se suma a un periodo de éxito rotundo que comenzó con la conquista de la Eurocopa 2024 y culmina ahora con el Mundial 2026. La mirada ya empieza a ponerse en la Eurocopa de 2028 para intentar redondear este hito, pero por el momento, el equipo dirigido por Luis de la Fuente ostenta el título de la mejor selección del planeta.
Sin embargo, más allá de la gloria inmediata y el brillo de las finales, existe una narrativa paralela que merece ser contada. Es la historia de aquellos jugadores que, aunque no pisaron el césped durante los encuentros oficiales, fueron piezas fundamentales en el engranaje del éxito. Se trata de la cara B del campeonato: los futbolistas que trabajaron en la sombra, en los campos de entrenamiento, exigiendo al máximo a los once titulares para que estos no bajaran la guardia y mantuvieran el nivel competitivo necesario para ganar. El esfuerzo de estos jugadores, que lucharon internamente por conservar sus puestos, se vio finalmente reflejado en las victorias colectivas.
La gestión de la plantilla por parte de Luis de la Fuente fue rigurosa y clara desde el inicio. El pasado 25 de mayo, el seleccionador hizo pública la lista de 26 convocados para la cita mundialista. No obstante, la realidad del torneo dictó que solo 20 de esos jugadores tuvieran la oportunidad de sumar minutos en el campo. Seis nombres quedaron fuera de la acción competitiva: los porteros David Raya y Joan García, el lateral Alejandro Grimaldo, el central Eric García, el centrocampista Martín Zubimendi y el extremo Víctor Muñoz. A pesar de su falta de minutos, su contribución en el día a día fue vital para el grupo.
La filosofía de De la Fuente durante el torneo fue la de mantener un bloque sólido. Ya en la fase de grupos, el técnico dejó clara su postura antes del enfrentamiento contra Uruguay, afirmando que "la actuación del otro día no invita a hacer cambios". Esta determinación de no alterar el equipo titular se basó en la confianza en el rendimiento mostrado, pero no significó un olvido hacia los suplentes. El seleccionador subrayó repetidamente que quienes esperan su oportunidad son precisamente quienes elevan la exigencia en cada sesión de entrenamiento, obligando a los titulares a luchar por su puesto.
Esta dinámica de apoyo desde el banquillo dio frutos tangibles. De la Fuente recordó que, ya en la Eurocopa anterior, algunos de los partidos más críticos fueron resueltos por jugadores que ingresaron desde el banquillo, una tendencia que se mantuvo en este Mundial. El ejemplo más destacado fue el de Mikel Merino. El centrocampista se convirtió en el héroe de España en dos ocasiones decisivas, marcando goles en el minuto 90. El primero ocurrió en los octavos de final contra Portugal y el segundo en los cuartos de final ante Bélgica, anotaciones que fueron determinantes para que España se instalara entre las cuatro mejores selecciones del torneo. Posteriormente, el equipo vivió un partido memorable contra Francia que no dio el pase a la final, aunque el camino culminó con la máxima gloria mundialista.
En la portería, la situación fue aún más cerrada. Unai Simón, el guardameta del Athletic Club, se consolidó como el dueño absoluto del arco, disputando la totalidad de los partidos. Esta hegemonía dejó a David Raya y Joan García como espectadores de lujo. Ambos llegaban al torneo en un estado de forma envidiable; Raya como titular indiscutible del Arsenal en la Premier League y Joan García tras haberse asentado en la portería del FC Barcelona luego de su fichaje el verano pasado. A pesar de su calidad, la falta de rotaciones fue inevitable, especialmente después del empate decepcionante ante Cabo Verde en el debut, resultado que eliminó la posibilidad de repartir minutos en la última jornada de grupos.
En la línea defensiva, Alejandro Grimaldo, reciente incorporación del Atlético de Madrid, también vio limitada su participación. Aunque parecía un candidato natural para entrar en las rotaciones, la consolidación de Marc Cucurella en el lateral hizo que su papel fuera secundario y que la oportunidad de jugar nunca llegara.
Por último, el caso de Víctor Muñoz fue el único vinculado a cuestiones físicas. El extremo, que había destacado como una de las grandes revelaciones de LaLiga, llegó al Mundial con molestias musculares provenientes del final de la temporada. A pesar de que estas molestias se resentieron durante la concentración y que el jugador logró reincorporarse a los entrenamientos, el cuerpo técnico decidió no arriesgar. El altísimo nivel mostrado por Lamine Yamal, Álex Baena, Ferrán Torres y Mikel Oyarzabal en la línea de ataque hizo que De la Fuente optara por la prudencia.
Al final, el éxito es colectivo. La segunda estrella en el escudo es el resultado de la suma de esfuerzos de los jugadores que brillaron bajo los foces y de aquellos que empujaron desde el silencio del banquillo, sumado al trabajo del cuerpo técnico y el apoyo de la afición. Todos son partícipes de este triunfo mundialista.

