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Lentes inteligentes con IA: La nueva frontera tecnológica que pone en riesgo la privacidad y los datos personales

Facilitan la vigilancia no autorizada // Ponen en riesgo datos personales y financieros de los usuarios, así como la privacidad de terceros: Mozilla

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Lentes inteligentes con IA: La nueva frontera tecnológica que pone en riesgo la privacidad y los datos personales
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Los lentes inteligentes están revolucionando la interacción humana con la tecnología al integrar inteligencia artificial para traducir textos, reconocer objetos y capturar contenido en tiempo real. Este mercado, impulsado por modelos como Ray-Ban Meta, experimenta un crecimiento acelerado, especialmente en México, donde se prevé que su valor alcance los 140 millones de dólares para el año 2033. Sin embargo, esta innovación conlleva graves riesgos de ciberseguridad y privacidad. Expertos advierten que la capacidad de grabar discretamente y almacenar datos en la nube facilita el robo de identidad y la filtración de información sensible, como contraseñas o claves bancarias, exponiendo a los usuarios a ataques de phishing y a una vigilancia no consentida. Para mitigar estas vulnerabilidades, se recomienda fortalecer la seguridad de las cuentas vinculadas mediante la autenticación de dos factores y mantener el software actualizado. La clave reside en aprovechar la potencia de la IA sin descuidar la protección de los datos personales frente a la creciente recolección masiva de información por parte de las empresas tecnológicas.

Los anteojos, que durante décadas fueron objetos de uso cotidiano destinados exclusivamente a corregir la vista o proteger los ojos de la radiación solar, atraviesan una transformación radical. Impulsados por la inteligencia artificial (IA), estos dispositivos ahora son capaces de tomar fotografías, grabar videos, responder preguntas sobre el entorno, traducir textos en tiempo real e incluso reconocer objetos, cambiando la manera en que los seres humanos interactúan con la tecnología.

Lo que antes era un producto de nicho ha comenzado a ganar un terreno considerable en tiendas de óptica, plazas comerciales y diversas plataformas de comercio electrónico. Promocionados como herramientas capaces de facilitar las tareas diarias mediante comandos de voz y funciones avanzadas de IA, los lentes inteligentes se han convertido en un objeto de deseo para el consumidor moderno.

Sin embargo, esta capacidad tecnológica conlleva riesgos significativos. Expertos en ciberseguridad y organizaciones defensoras de la privacidad advierten que estas mismas funciones convierten a los dispositivos en herramientas que invaden la privacidad de terceros y abren ventanas de oportunidad para la ciberdelincuencia. Al integrar cámaras, micrófonos y sistemas de interpretación del entorno, estos aparatos pueden recopilar información personal y exponer datos sensibles, tales como contraseñas o claves financieras, incluido el NIP de cajeros automáticos.

Organizaciones dedicadas a la protección de la privacidad digital señalan que, sin las medidas de seguridad adecuadas, estos dispositivos podrían facilitar la recopilación masiva de audio, imágenes y metadatos. Esto, a su vez, incrementa la vulnerabilidad ante el robo de información, la suplantación de identidad y otras formas de abuso tecnológico.

Este fenómeno adquiere una relevancia particular en México, donde la adopción de esta tecnología apenas comienza pero avanza con rapidez. Según estimaciones de consultoras internacionales, como Grand View Research, se prevé que el mercado nacional de lentes inteligentes crezca de forma acelerada, pasando de mover poco más de 20 millones de dólares actualmente a alcanzar casi 140 millones de dólares hacia principios de la próxima década, específicamente para el año 2033.

En términos técnicos, los lentes inteligentes combinan la estructura de unas gafas tradicionales con hardware avanzado: cámaras, micrófonos, altavoces y sistemas de IA. A diferencia de los primeros modelos, que se limitaban a la captura de contenido multimedia, las versiones más recientes pueden ejecutar tareas complejas, realizar llamadas, reproducir música y analizar visualmente lo que el usuario tiene enfrente, como identificar la calle donde se encuentra o el tipo de comida que está por adquirir.

El auge de estos dispositivos se ha visto potenciado en los últimos años por la incorporación de la inteligencia artificial generativa. Actualmente, destacan en el mercado modelos como los Ray-Ban Meta y los Oakley Meta, desarrollados por Meta en alianza con EssilorLuxottica, los cuales integran asistentes de IA capaces de analizar el entorno y responder consultas en tiempo real.

Mario Micucci, investigador de seguridad informática de la firma ESET, advirtió que el riesgo no reside solo en el dispositivo, sino en el flujo de datos. Los lentes capturan información que termina almacenada en aplicaciones, teléfonos inteligentes o servicios en la nube. Documentos confidenciales, estados de cuenta o contraseñas visibles en pantallas podrían quedar registrados y ser utilizados posteriormente para fines fraudulentos.

Micucci señaló que es más probable que un atacante comprometa el teléfono celular sincronizado o las cuentas donde se respaldan los archivos que el dispositivo mismo. Una vez obtenido el acceso, los delincuentes pueden construir perfiles detallados de las víctimas utilizando ubicaciones frecuentes y datos personales para lanzar ataques de phishing más convincentes o cometer robo de identidad.

Asimismo, el especialista mencionó el proyecto I-XRAY, desarrollado por estudiantes de la Universidad de Harvard, el cual demostró que los videos transmitidos en vivo desde lentes inteligentes pueden combinarse con IA y bases de datos públicas para identificar personas y obtener información sobre ellas, lo que representa un riesgo incluso para la seguridad física de los usuarios.

Por su parte, la Mozilla Foundation, a través de su proyecto "Privacy Not Included", evaluó los Ray-Ban Meta y alertó que estos recopilan fotografías, videos, grabaciones de voz y metadatos de ubicación para mejorar los sistemas de IA de la empresa, compartiendo parte de esta información con terceros. Además, la discreción de sus cámaras y micrófonos plantea dilemas éticos sobre el consentimiento, ya que las personas en espacios públicos pueden ser grabadas sin saberlo.

Esta situación se suma a una creciente desconfianza generalizada. Según una encuesta de Deloitte, el 79 por ciento de las personas considera que las empresas tecnológicas no son claras en sus políticas de privacidad y seguridad, y una proporción similar afirma que no es sencillo controlar la información que estas compañías recopilan.

Ante este escenario, Micucci sugiere que el uso de estos dispositivos no requiere renunciar a la privacidad, siempre que se tomen precauciones. Recomienda revisar la configuración de privacidad, mantener el software actualizado, activar la autenticación de dos factores en las cuentas vinculadas, usar contraseñas robustas y, sobre todo, evitar mostrar información sensible frente a las cámaras de los lentes.

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