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IA y logística: Los agentes autónomos y gemelos digitales transforman el comercio exterior

Santiago Siri, presidente de una fundación especializada en software, analiza el impacto de la inteligencia artificial en la logística, el comercio exterior y la gestión de las empresas actuales

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IA y logística: Los agentes autónomos y gemelos digitales transforman el comercio exterior
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La inteligencia artificial generativa se ha consolidado como la revolución industrial de nuestra era, transformando el desarrollo de software en una tarea de orquestación y automatizando la burocracia empresarial mediante agentes autónomos. Herramientas como los gemelos digitales y la capacidad multilingüe de los modelos actuales están optimizando la logística y derribando las barreras del comercio exterior. En este escenario, la capacidad de adaptación rápida definirá la ventaja competitiva de las organizaciones. Argentina, respaldada por su sólida economía del conocimiento, posee un potencial estratégico único para liderar este salto cualitativo si adopta una postura proactiva y audaz frente a la disrupción tecnológica.

La inteligencia artificial generativa ha irrumpido como la última gran ola tecnológica, posicionándose como un motor de cambio comparable a lo que representó Bitcoin para el sector financiero en el siglo XXI. Mientras que Bitcoin repensó la moneda a través de la tecnología, convirtiéndose en un instrumento de reserva de valor tanto para individuos como para gobiernos, los modelos tipo GPT están transformando la estructura misma del desarrollo de software y la operatividad empresarial.

En el ámbito de la programación, se ha producido un cambio de paradigma. Actualmente, la tendencia indica que casi nadie programa de manera directa, sino que el código se produce con la asistencia de la inteligencia artificial. Este avance permite observar con mayor claridad la capacidad cognitiva real de cada modelo. Para los profesionales del área, la IA se está haciendo cargo de la denominada "plomería" —las tareas de configuración e ingeniería más repetitivas—, lo que permite que el humano asuma el rol de orquestador. Esta transición permite plasmar visiones más ambiciosas y elevar la vara de calidad en toda la producción de software en los próximos años.

Uno de los avances más significativos es la aparición de los agentes de IA, capaces de tomar decisiones de forma autónoma y ejecutar procesos completos dentro de una organización. Si bien se ha discutido ampliamente su implementación en la atención al cliente, la escalabilidad en ese sector todavía resulta costosa. En cambio, en el sector de la logística, su aplicación cobra un sentido mucho más pragmático. Debido a que existen menos tickets que resolver en comparación con un equipo de soporte técnico, un agente de IA puede realizar un seguimiento sumamente eficaz de la situación de un pedido o una entrega.

La operatividad de estos agentes se integra con las herramientas de chat cotidianas, facilitando la interacción para cualquier persona que sepa utilizar un chat. De este modo, el usuario puede interactuar con un agente para consultar si un pedido fue entregado o para resolver tareas burocráticas necesarias para registrar dicha información en los sistemas internos. Esta capacidad sugiere que los agentes tendrán un rol fundamental no solo en la interfaz con el usuario final, sino también en la optimización de la burocracia interna de las compañías.

Paralelamente, la IA ha vuelto mucho más accesibles los gemelos digitales. Actualmente, es posible replicar el funcionamiento de una empresa simplemente planteando el escenario y colaborando con la inteligencia artificial, eliminando la necesidad de programar directamente un sistema complejo. Sobre estas réplicas digitales se pueden ejecutar simulaciones para armar distintos escenarios, considerando variables como el clima o el precio del combustible, lo que permite tomar decisiones más eficaces. En el sector logístico, esto implica la posibilidad de replicar diversos medios de transporte y locaciones geográficas para jugar con esas variables y mejorar la ejecución operativa de la compañía.

El impacto de esta tecnología ya se siente en la cotidianeidad, al punto de que gran parte de las conversaciones diarias podrían estar ocurriendo con modelos de IA en lugar de personas. Aunque esto genera alarma en algunos sectores, también ofrece la oportunidad de delegar las tareas burocráticas y repetitivas que antes obstaculizaban el pensamiento estratégico.

En cuanto al comercio exterior, la IA promete una permeación profunda debido a que los modelos de lenguaje son agnósticos al idioma. La capacidad de comunicarse en mandarín, castellano o inglés habilita una vinculación más simple con mercados y culturas que anteriormente eran complejos y costosos de alcanzar. Esta adaptabilidad, sumada a su fácil integración con herramientas de comunicación diaria, otorga un potencial enorme, aunque no exento de amenazas en términos de disrupción laboral.

En este contexto, las empresas que logren adaptarse con rapidez obtendrán una ventaja competitiva importante. La inteligencia artificial se presenta como la revolución industrial de nuestro tiempo, con un impacto que se extenderá a lo profesional, económico y político durante las próximas décadas.

Finalmente, Argentina se posiciona como un país con un potencial inmenso para capitalizar este avance. Gracias a una economía del conocimiento fuerte, que ya ha demostrado su capacidad con la creación de unicornios y un desempeño destacado a nivel mundial en diversas industrias, el país tiene la oportunidad de dar un salto cualitativo. La clave para desatar este potencial reside en adoptar una mirada proactiva frente a estas tecnologías, alejándose de una postura reactiva o temerosa.