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El efecto Flynn negativo: por qué el coeficiente intelectual ha dejado de crecer en la era digital

La dependencia de dispositivos electrónicos externaliza funciones cognitivas básicas, modificando la manera en que se procesa y retiene la información

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El efecto Flynn negativo: por qué el coeficiente intelectual ha dejado de crecer en la era digital
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Tras décadas de crecimiento sostenido en el coeficiente intelectual global, conocido como el efecto Flynn, la tendencia se ha revertido. Países desarrollados y Argentina registran ahora un efecto Flynn negativo, caracterizado por un estancamiento o descenso en las puntuaciones de inteligencia, especialmente en las generaciones más jóvenes. Este retroceso no es genético, sino ambiental. El uso intensivo de pantallas, la dependencia de la inteligencia artificial y la pérdida del hábito de lectura compleja han debilitado la memoria, la concentración y el pensamiento crítico. La externalización de procesos cognitivos básicos hacia los dispositivos digitales está transformando la manera en que procesamos la información. Además, la cultura de la hiperexposición digital desplaza la vivencia real por su representación. Al priorizar el registro de los momentos sobre la experiencia misma, se produce un empobrecimiento de la identidad y la memoria, consolidando una crisis de atención que define la era actual.

La medición de la inteligencia humana ha atravesado diversas etapas desde que se implementaran las primeras pruebas masivas. Este proceso comenzó durante la Primera Guerra Mundial, cuando psicólogos aplicaron tests a más de un millón de soldados. Una generación después, las evaluaciones realizadas en el marco de la Segunda Guerra Mundial revelaron que los reclutas obtenían resultados sustancialmente superiores a sus predecesores, marcando el inicio de una tendencia ascendente.

En 1984, el investigador neozelandés James Flynn identificó un fenómeno sorprendente: el coeficiente intelectual (CI) de la población había aumentado de manera constante en prácticamente todos los países durante el siglo XX. Los datos fueron contundentes. En Estados Unidos, el incremento en las Matrices Progresivas de Raven fue de 0,5 puntos anuales desde 1900, lo que llevó a Flynn a sostener que la diferencia entre padres e hijos podía rondar los 15 puntos. Esta tendencia no fue exclusiva de Norteamérica; en España, la población ganó 19 puntos en apenas 28 años, mientras que en los Países Bajos el aumento fue de 20 puntos en tres décadas. Este crecimiento se verificó, con distintas intensidades, en casi todo el mundo desarrollado.

Sin embargo, en las últimas décadas, la tendencia ha dado un giro inesperado. Ha comenzado a observarse un proceso inverso conocido como el "efecto Flynn negativo". Este fenómeno describe una disminución gradual de las puntuaciones de CI registrada en varios países desarrollados, revirtiendo la trayectoria de crecimiento sostenido que caracterizó la mayor parte del siglo pasado.

El consenso científico actual atribuye este retroceso principalmente a factores ambientales y no genéticos. Entre las causas más destacadas se encuentran los cambios en los estilos de vida derivados del entorno digital. El uso intensivo de las redes sociales y la exposición permanente a las pantallas se vinculan directamente con una menor capacidad de concentración profunda, alteraciones en el descanso, déficit de sueño y una dificultad creciente para consolidar aprendizajes, afectando especialmente a los jóvenes de entre 12 y 25 años.

Se advierte que las nuevas generaciones ejercitan menos la memoria y dependen cada vez más de dispositivos y aplicaciones para almacenar información. A esto se suma la disminución del hábito de lectura de textos complejos, una actividad que históricamente favoreció el desarrollo del pensamiento abstracto. Otros factores influyentes incluyen las deficiencias en ciertos sistemas educativos, el deterioro de los hábitos nutricionales en algunos sectores sociales y, fundamentalmente, una dependencia tecnológica que externaliza procesos cognitivos básicos hacia dispositivos digitales e inteligencias artificiales.

Más que una pérdida general de las capacidades mentales, los expertos sugieren que estamos ante una transformación en la forma de procesar la información. Mientras que algunas habilidades, como el razonamiento visual o espacial, pueden mantenerse elevadas o incluso fortalecerse, otras capacidades como la memoria, la comprensión verbal y el pensamiento crítico muestran signos de debilitamiento.

En Argentina, las investigaciones confirmaron durante décadas la existencia del efecto Flynn. Al comparar poblaciones evaluadas en 1964 con las del año 2000, se observó un incremento significativo en los puntajes de inteligencia. No obstante, estudios recientes indican que este crecimiento se ha detenido. Las comparaciones entre las generaciones nacidas en el nuevo milenio y los integrantes de la Generación Z muestran que el aumento sostenido ha alcanzado un techo, estancándose al igual que en otros países.

En el contexto argentino, las recurrentes crisis socioeconómicas y las fluctuaciones en la calidad educativa son variables relevantes para entender por qué la tendencia ascendente perdió intensidad. A esto se suma el sedentarismo digital y el uso de herramientas de inteligencia artificial para resolver tareas cotidianas, factores que impactan la atención sostenida, la memoria de trabajo y el razonamiento lógico-verbal en niños y adolescentes.

Paralelamente, ha emergido una cultura de la hiperexposición. Existe una necesidad compulsiva de registrar y publicar cada aspecto de la vida cotidiana, desde la intimidad y las comidas hasta eventos sociales y estados sentimentales. La imagen frente al espejo se ha convertido en un símbolo de época. Si bien las fotografías pueden construir memoria y los registros digitales pueden funcionar como invitaciones a participar de una experiencia, muchas de estas dinámicas responden a lógicas de monetización y visibilidad, buscando proyectar estatus social o preferencias culturales.

El problema más profundo reside en que la necesidad de registrar cada instante antes de vivirlo desplaza la atención desde la experiencia hacia su representación. Priorizar la fotografía sobre la conversación o el disfrute del momento presente empobrece la vivencia y revela una transformación en la relación con la realidad, la memoria y la identidad. Esta dificultad para distinguir entre vivir una experiencia y producir contenido sobre ella podría ser una de las señales más inquietantes del efecto Flynn negativo.

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