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Catamarca inicia la 55ª Fiesta Nacional e Internacional del Poncho: cultura, economía y tregua política

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Catamarca inicia la 55ª Fiesta Nacional e Internacional del Poncho: cultura, economía y tregua política
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Catamarca celebra la 55ª edición de la Fiesta Nacional e Internacional del Poncho, el evento cultural más relevante de la provincia y la única fiesta de invierno de Argentina. Más allá de la música y las artesanías, el festival funciona como un pilar de identidad colectiva y un motor económico vital que impulsa el turismo y el empleo regional. Durante diez días, la festividad impone una tregua política obligatoria en la que dirigentes de todos los sectores dejan de lado sus conflictos para integrarse a la celebración. Es un espacio de encuentro social y estratégico que inmuniza a la población contra las tensiones partidarias mientras se festeja la esencia de la catamarqueñidad.

La provincia de Catamarca da inicio hoy a la 55ª edición de la Fiesta Nacional e Internacional del Poncho, un evento que trasciende la mera celebración para convertirse en un pilar de identidad para los catamarqueños. Bajo la premisa de que "no es de naides y es de todos", esta festividad se consolida como una construcción cultural colectiva ejemplar, tejiendo un vínculo de cariño y pertenencia con la población que cuenta con escasos parangones en el resto del país.

En esta oportunidad, el arranque de la fiesta coincide con el descollante desempeño de la Selección argentina, lo que ha redoblado la carga emocional de los asistentes. Como parte de esta atmósfera de celebración, el pasado domingo se organizó una jornada especial en el Predio Ferial para vivir la final contra España, integrando la pasión deportiva al marco del festival.

El Poncho se destaca por ser la única fiesta de invierno en Argentina, pero su relevancia va más allá de la temporalidad. Posee una agenda excepcionalmente amplia y variada, superando a cualquier otro festival independientemente de la temporada o la fama que este haya alcanzado. Si bien el núcleo originario del evento ha sido siempre la música folklórica y las artesanías, con el paso de los años estas actividades se han expandido para cubrir prácticamente todos los géneros artísticos y productivos, transformando la fiesta en un fresco en vivo y en directo de la denominada "catamarqueñidad".

El crecimiento del evento es evidente. Se ha notado una multiplicación de los espacios destinados a la presentación de números artísticos, adicionales al Escenario Mayor, así como un incremento en las áreas dedicadas a las actividades productivas y artesanales, llegando incluso a ocupar el Estadio Bicentenario.

Desde el punto de vista económico, el festival representa un motor fundamental para la región. La Fiesta del Poncho ofrece trabajo e ingresos adicionales a través del turismo, un factor que adquiere una importancia crítica en tiempos de crisis económica, descritos como "vacas flacas", que se han prolongado durante varios lustros en la zona.

Socialmente, el Poncho es percibido como una "religión sin ateos" en Catamarca. Aunque existen polémicas y críticas hacia la organización —las cuales son vistas como parte del folklore local y generalmente mantienen un sentido constructivo—, existe un consenso generalizado sobre la necesidad de preservar la fiesta. El sentido de pertenencia es tal que las controversias se aceptan como parte del ciclo del evento, donde quienes no quedan satisfechos en una edición esperan la revancha en la siguiente.

Este fenómeno cultural impone, además, una tregua política obligada. La asistencia al evento es vista como una necesidad social y política; no concurrir sería equivalente a faltar a una procesión religiosa. Debido a esto, figuras de diversos colores políticos y dirigentes nacionales han utilizado el espacio para enviar señales desde el interior. Entre los hitos recordados se encuentra el lanzamiento de la candidatura presidencial de Sergio Massa en 2023 y las intervenciones de la vicepresidenta Victoria Villarruel en relación con los hermanos Milei.

Durante los diez días que dura la celebración, los actores políticos provinciales suelen deponer sus enconos y postergar definiciones importantes para el periodo posterior al festival. No obstante, esto no impide que continúen las conspiraciones, los cálculos y las tentativas de componendas, que se desarrollan de manera informal entre empanadas, locros y choripanes.

La dinámica política local también se ajusta al calendario electoral. En los años impares, las contiendas se intensifican tras la tregua del Poncho para dar paso a las campañas de las PASO y las elecciones generales. En los años no electorales, el fin de las celebraciones habilita la ansiedad por conocer la fecha de los comicios provinciales, debatiéndose habitualmente entre marzo u octubre. Mientras el Gobierno suele mantener el hermetismo sobre la convocatoria hasta el último momento, la oposición se prepara para la posibilidad de elecciones en marzo para evitar ser sorprendida por un decreto.

Así, comienza un ciclo de diez días en los que la sociedad catamarqueña se inmuniza contra las toxinas políticas para centrarse en la celebración de su identidad cultural.

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