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Argentina llega con angustia a semifinales tras vencer a Suiza y se medirá ante Inglaterra

El azar del sorteo le regaló a la Albiceleste un hecho inédito en la historia de los Mundiales: meterse entre los cuatro mejores sin enfrentar a ninguna potencia del 'top 15' del ranking FIFA. Sin embargo, lejos de exhibir autoridad ante rivales de menor cartel, el equipo sembró severas dudas tras necesitar de la prórroga ante Cabo Verde y Suiza, y recurrir a una remontada agónica frente a Egipto.

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Argentina llega con angustia a semifinales tras vencer a Suiza y se medirá ante Inglaterra
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Argentina alcanzó las semifinales del Mundial 2026 tras vencer 3-1 a Suiza en un agónico tiempo extra, asegurando un duelo decisivo contra Inglaterra. Sin embargo, el triunfo esconde una realidad preocupante: la Albiceleste avanza basándose en la garra y el esfuerzo psicológico más que en la calidad futbolística. El camino del equipo de Lionel Scaloni ha estado marcado por el sufrimiento y la falta de fluidez, logrando superar a rivales fuera del Top 15 del ranking FIFA mediante remontadas épicas y circunstancias fortuitas. Ante la envergadura del equipo británico, surge la duda de si el espíritu será suficiente para compensar un rendimiento técnico que hoy se muestra insuficiente.

La selección argentina ha logrado su boleto a las semifinales del Mundial de Norteamérica 2026, aunque lo hizo de una manera accidentada y cargada de tensión. En el encuentro disputado en Kansas City, el equipo dirigido por Lionel Scaloni derrotó a Suiza con un marcador final de 3-1, resultado que recién se definió en el tiempo extra. Con este triunfo, el cuadro Albiceleste asegura su presencia en la ronda de los cuatro mejores, donde tendrá que enfrentar a Inglaterra para luchar por un lugar en la gran final.

A pesar del resultado positivo, el camino recorrido por el elenco transandino ha dejado dudas profundas sobre su funcionamiento actual. El análisis del desempeño sugiere que Argentina está avanzando en el torneo basándose más en el corazón y la garra que en la calidad del juego. Esta tendencia parece haberse consolidado a medida que avanzaban las etapas eliminatorias, donde la capacidad futbolística ha cedido terreno frente al esfuerzo extremo y la resistencia psicológica.

De cara al próximo compromiso contra los británicos, existe la preocupación de que esta dinámica se repita. El enfrentamiento con Inglaterra no es un partido cualquiera, ya que arrastra un componente histórico significativo. En la memoria colectiva permanece el recordado cruce ocurrido en México '86, un encuentro que estuvo marcado por las esquirlas y la tensión derivada de la Guerra de las Malvinas. Sin embargo, el análisis técnico advierte que, si bien el espíritu es fundamental, el rendimiento actual del equipo podría resultar insuficiente para competir contra rivales de mayor envergadura.

El rendimiento de los pupilos de Lionel Scaloni en las rondas de eliminación directa ha sido calificado como preocupante. A pesar de haber sido el amplio favorito en cada una de sus llaves, los vigentes monarcas del planeta no han logrado desplegar el nivel de fútbol que mostraron durante su campaña en Qatar. Esta falta de fluidez ha provocado que el equipo sufra innecesariamente y que le cueste ganar con comodidad, incluso ante adversarios que, en el papel, poseen un cartel inferior.

Un dato revelador y preocupante es la naturaleza del fixture que ha seguido Argentina rumbo a las semifinales. La Albiceleste se ha convertido en la primera selección en llegar a esta instancia del torneo sin haberse medido contra ningún equipo perteneciente al Top 15 del ranking FIFA. A pesar de contar con un camino aparentemente más accesible, el equipo se vio obligado a extremar sus recursos y recurrir a un esfuerzo no presupuestado para superar a rivales como Cabo Verde, Egipto y Suiza.

El recorrido comenzó con una fase de grupos que parecía accesible. En esa etapa, Argentina superó sin mayores sobresaltos a Argelia (28º), Austria (24º) y Jordania (63º). No obstante, la sensación de comodidad desapareció abruptamente al iniciar los dieciseisavos de final. En ese encuentro, la modestia y el debutante equipo de Cabo Verde (67º) pusieron en evidencia las primeras falencias del sistema de Scaloni, obligando al partido a extenderse hasta el tiempo extra. La clasificación argentina llegó recién en el minuto 110 de juego.

En los octavos de final, la situación alcanzó niveles críticos. Argentina se encontró en una posición dramática, estando 2-0 abajo frente a Egipto. En ese escenario, el equipo tuvo que apelar a la épica para concretar una remontada frenética, anotando tres goles en apenas 13 minutos. Este partido estuvo además condicionado por polémicas arbitrales que terminaron favoreciendo al conjunto sudamericano.

El patrón de sufrimiento se mantuvo en los cuartos de final contra Suiza. Aunque Argentina logró ponerse en ventaja inicialmente, el equipo extravió el rumbo del partido, permitió el empate y comenzó a ser ampliamente superado en el trámite del juego. El punto de quiebre ocurrió con la expulsión de Breel Embolo, una tarjeta roja que evitó el naufragio total de la Albiceleste. A pesar de jugar con diez hombres durante gran parte del encuentro, los helvéticos resistieron y forzaron un nuevo tiempo extra. El gol del triunfo argentino llegó de forma agónica en el minuto 112.

Este camino al límite, donde la clasificación se ha logrado en los últimos instantes y mediante circunstancias externas, enciende alarmas que resultan imposibles de ignorar antes del choque decisivo contra Inglaterra.

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