Desde las cinco de la tarde, la zona circundante a la Glorieta del Ángel de la Independencia se convirtió en el punto de encuentro para cientos de aficionados que se reunieron con el objetivo de despedir las celebraciones relacionadas con el Mundial de Fútbol. La concurrencia de personas transformó el espacio público en un centro de festejos donde la pasión deportiva fue el motor principal de la movilización ciudadana.
Entre los asistentes se encontraba Aarón, un aficionado que personificaba el espíritu de la jornada al vestir la playera verde de la selección nacional y portar una máscara de lucha libre, elementos emblemáticos de la identidad cultural y deportiva del país. En una entrevista concedida para EL UNIVERSAL, Aarón expresó su convicción sobre la capacidad de la afición mexicana, asegurando que los seguidores están más que calificados para que regrese otro mundial.
De acuerdo con la visión de este aficionado, el carácter del mexicano se define por convertir cualquier evento en una fiesta, independientemente de si el motivo es de índole política o deportiva. Bajo esta premisa, Aarón sostuvo que la afición nacional demostró ser superior a las demás, destacando la energía y el entusiasmo que imprimieron durante las celebraciones.
El ambiente festivo estuvo marcado por actividades lúdicas y desbordes de entusiasmo. Uno de los elementos más recurrentes y visibles de la tarde fueron las denominadas “guerras de espuma”. El uso masivo de latas de espuma creó una atmósfera blanca en diversos puntos de la congregación. Este fenómeno alcanzó un punto anecdótico cuando un motociclista, que decidió integrarse a las celebraciones, terminó bañado completamente de color blanco, quedando cubierto de espuma desde el casco hasta los pies.
La estimulación sensorial fue constante durante el evento. Las banderas de la selección ondearon en todo momento entre la multitud, mientras que el sonido de las cornetas se mantuvo persistente, marcando el ritmo de la despedida mundialista. Asimismo, se registró la práctica de una dinámica conocida popularmente como “quiere volar”, en la cual varias personas fueron cargadas por el grupo y lanzadas al aire en medio de los gritos y aplausos de los presentes.
En cuanto a la actividad económica derivada del evento, el comercio ambulante tuvo una participación activa. Los vendedores ofrecieron una amplia gama de productos diseñados para el festejo, que incluyeron desde latas de espuma y trompetas hasta adornos para la cabeza y latas de cerveza. No obstante, se observó que una parte de los asistentes no dependió del comercio local, acudiendo al lugar con sus propios artículos, entre los que destacaron tambores y penachos.
La situación en el lugar requirió la intervención de los elementos de la Secretaría de Seguridad Ciudadana (SSC) de la capital. Los agentes de seguridad procedieron a bajar a las personas que se habían instalado en las escalinatas del Ángel de la Independencia para mantener el orden en el monumento. A pesar de estas acciones, los aficionados mantuvieron su presencia en la vialidad, logando cortar la circulación vehicular sobre el Paseo de la Reforma en ambos sentidos en dicha zona.
Debido a la magnitud de la concentración y al bloqueo de la vialidad, el Centro de Orientación Vial de la SSC tuvo que emitir un comunicado oficial. En dicho informe, se notificó el cierre total de la circulación de Reforma en ambos sentidos, específicamente en el tramo comprendido entre la Glorieta del Ángel de la Independencia y la Glorieta del Ahuehuete.
Para mitigar el impacto en la movilidad de la Ciudad de México, las autoridades recomendaron a los automovilistas utilizar rutas alternas. Las vías sugeridas para evitar el congestionamiento fueron la avenida Chapultepec y el Circuito Interior, buscando así desviar el flujo vehicular de la zona afectada por los festejos de la afición nacional.
