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Crisis de combustible en Rusia: ataques ucranianos provocan desabastecimiento en casi todo el país

Casi todas las 83 regiones de Rusia están experimentando escasez de gasolina o interrupciones en el suministro, según un análisis de CNN.

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Rusia atraviesa una crisis de suministro de gasolina que afecta a casi todas sus regiones debido a los sistemáticos ataques ucranianos contra sus refinerías. Con una producción 20 por ciento inferior a la demanda, el país enfrenta racionamientos, estados de emergencia y filas extenuantes de hasta 18 horas para repostar. Aunque Vladimir Putin intenta minimizar la situación, el descontento social es evidente a través de peleas en las gasolineras y la proliferación de mercados negros. Ante la vulnerabilidad de su infraestructura, el Kremlin evalúa medidas desesperadas que incluyen importar gasolina de la India o comercializar combustible de baja calidad. Este colapso logístico no solo impacta el ánimo ciudadano, sino que dispara la inflación y debilita la economía rusa, que lucha por financiar su gasto militar mientras sus capacidades industriales llegan al límite.

Casi la totalidad de las 83 regiones de Rusia enfrentan actualmente escasez de gasolina o interrupciones significativas en el suministro. Según un análisis realizado por CNN, esta situación ha obligado a numerosas estaciones de servicio a implementar medidas de racionamiento, mientras el Gobierno ruso intenta mitigar el impacto de una intensa campaña de ataques con drones ucranianos dirigidos específicamente contra sus refinerías.

La crisis alcanzó un punto crítico inicialmente en Crimea, territorio bajo control ruso, donde se declaró el estado de emergencia y se prohibió totalmente la venta de combustible a particulares el pasado 21 de junio. Desde entonces, la problemática se ha extendido por todo el territorio nacional. El análisis de declaraciones de gobernadores, alcaldes y medios locales revela que más de 50 regiones han notificado oficialmente problemas de suministro, aunque existen informes no oficiales que sugieren que la interrupción afecta a casi todas las regiones del país. En el este de Rusia, regiones como Irkutsk y Transbaikalia han tenido que declarar un “estado de alerta reforzada”, el nivel jerárquico inmediatamente anterior al estado de emergencia.

Ante este escenario, el presidente Vladímir Putin intervino en una entrevista televisiva el pasado domingo, calificando la escasez como "no crítica". Esta intervención fue interpretada como una maniobra de relaciones públicas para tranquilizar a la ciudadanía. Sin embargo, el mandatario admitió que la prioridad más urgente es aumentar la producción de sistemas de defensa aérea, lo que pone de manifiesto la vulnerabilidad de la infraestructura rusa frente a las incursiones ucranianas.

Expertos del sector advierten que la situación actual es considerablemente peor que crisis anteriores. Sumit Ritolia, analista de Kpler, señala que la diferencia radica en la persistencia y magnitud de los ataques, sumado a que aún continúan las reparaciones de daños sufridos el año pasado. Ritolia estima que la producción de gasolina rusa se sitúa un 20 % por debajo de la demanda interna y que el procesamiento de crudo en las refinerías ha caído a mínimos de varios años. Por su parte, Sergey Vakulenko, investigador del Carnegie Russia Eurasia Center, sostiene que la resiliencia de la industria petrolera rusa está llegando a su límite debido al incremento tanto en la frecuencia como en el número de drones utilizados por Ucrania.

El malestar social se ha hecho evidente en las calles. En diversas regiones se han prohibido los bidones de gran capacidad (aproximadamente 19 litros) para evitar el acaparamiento. En Moscú y Krasnodar se han reportado discusiones violentas entre conductores en las filas de las gasolineras, y han surgido sitios web informales para rastrear dónde hay combustible disponible. En algunos casos, los tiempos de espera para repostar han llegado hasta las 18 horas.

El Gobierno también ha tenido que combatir el mercado negro. En Irkutsk, la policía multó a cuatro personas por revender combustible a precios inflados; en un caso, un joven de 20 años vendía la gasolina a un precio que cuadruplicaba la media nacional. El gobernador de dicha región prohibió la venta en bidones a cualquier persona ajena a los servicios de emergencia para estabilizar el mercado.

Desde el punto de vista económico, Alexander Kolyandr, del Centro de Análisis de Política Europea (CEPA), describe la escasez como un arma de doble filo que afecta tanto al estado de ánimo social como a la inflación. Esta presión inflacionaria fue reconocida por el Banco Central de Rusia, que ajustó sus tasas de interés argumentando una contracción temporal en la producción de combustible.

Para paliar la crisis, el Kremlin contempla diversas medidas: acortar plazos de mantenimiento en refinerías, prohibir la exportación de diésel y aumentar las importaciones. Un giro sorprendente ha sido la compra de gasolina a la India, país que previamente servía como vía para exportar crudo ruso bajo sanciones. Asimismo, se analiza la posibilidad de comercializar gasolina de menor calidad, aunque analistas advierten que esto podría dañar los vehículos modernos de la población.

Mientras el viceprimer ministro Alexander Novak asegura que el mercado está "plenamente abastecido", la realidad en las estaciones de servicio de Moscú y otras ciudades sugiere lo contrario. La caída de los precios internacionales del petróleo reduce además la capacidad de Rusia para financiar el déficit presupuestario, mientras la economía se estanca y el gasto en defensa continúa en ascenso.

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