La líder opositora exiliada, María Corina Machado, se pronunció recientemente sobre la crítica situación que atraviesa Venezuela tras la tragedia ocurrida el pasado 24 de junio. A través de una conferencia realizada vía Zoom con corresponsales extranjeros, Machado analizó el impacto de los recientes desastres naturales y la capacidad de respuesta del gobierno actual, planteando que su posible regreso al país podría convertirse en un elemento clave para alcanzar la estabilidad política y social.
Durante su intervención, la dirigente, quien ha sido mencionada como ganadora del Premio Nobel de la Paz, fue tajante al describir la situación de la capital venezolana. Según Machado, la emergencia provocada por los sismos ha dejado en evidencia que Caracas se comporta como un “Estado fallido”, señalando que las instituciones no cuentan con las capacidades suficientes ni la infraestructura necesaria para gestionar los daños derivados de una catástrofe de esta magnitud.
En el ámbito político y diplomático, Machado aprovechó el espacio para expresar su agradecimiento hacia los Estados Unidos. La líder opositora destacó el apoyo brindado por el gobierno estadounidense, tanto en el área humanitaria para atender a las víctimas, como en el impulso constante hacia una transición política en el país. En este sentido, Machado insistió en que su presencia física en territorio venezolano contribuiría significativamente a facilitar el avance de dicho proceso de transición, considerándolo un paso necesario para la estabilización del país después de los eventos del 24 de junio.
Mientras el debate político se desarrolla, la realidad en las calles de Venezuela es desoladora. A nueve días de que se produjera el doble sismo, la desesperación es el sentimiento predominante entre los damnificados. Gran parte de la población afectada continúa sin un lugar seguro donde refugiarse, permaneciendo en las calles o en refugios improvisados instalados en parques públicos, sin contar con certezas sobre su futuro inmediato ni soluciones habitacionales.
Los expertos en rescate señalan que la ventana crítica para localizar sobrevivientes, que usualmente se estima en las primeras 72 horas tras el colapso de estructuras, ya ha quedado atrás. A pesar de ello, entre las ruinas y los escombros aún persiste una mezcla de esperanza, duelo y una creciente exigencia de respuestas por parte de las autoridades competentes.
El balance oficial, citado este viernes, revela la magnitud de una de las peores crisis humanitarias que ha enfrentado la nación. Hasta el momento, se reportan al menos 2.645 personas fallecidas y 12.666 heridos. Asimismo, se estima que más de 15.000 personas han quedado sin hogar debido a la destrucción de sus viviendas. El impacto fue especialmente devastador en el estado La Guaira, identificado como la zona cero de los sismos, los cuales registraron magnitudes de 7,2 y 7,5, afectando también severamente a la ciudad de Caracas.
En cuanto a la infraestructura, las autoridades informaron que 885 edificios resultaron afectados, de los cuales 189 colapsaron totalmente. A pesar de la gravedad de los daños, se ha reportado que 6.462 personas lograron ser rescatadas con vida. Sin embargo, a medida que las brigadas de rescate comienzan a cerrar sus operaciones, el malestar social aumenta.
Familiares de las víctimas han denunciado públicamente la lentitud en la recuperación de los cuerpos que aún yacen bajo los escombros. A través de testimonios recogidos por la agencia AFP, los deudos denuncian la falta de maquinaria pesada, las demoras administrativas y un sentimiento general de abandono. Un ejemplo de este dolor es el de Dalimer Díaz, quien busca desesperadamente recuperar los cuerpos de su madre, hermanos y sobrinos, cuestionando la humanidad de las autoridades al preguntar si los fallecidos no son también seres humanos.
La incertidumbre se agrava debido a la falta de transparencia informativa por parte del gobierno venezolano, que no ha emitido una cifra oficial de personas desaparecidas. Esta ausencia de datos contrasta drásticamente con las estimaciones de las Naciones Unidas, organismo que calcula que la cifra de desaparecidos podría ascender hasta las 50.000 personas, lo que sugiere una tragedia mucho más profunda de lo que los reportes oficiales indican.

