Un reciente informe publicado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) ha puesto de manifiesto una situación crítica en el sistema educativo chileno. El documento confirma una realidad preocupante: el país continúa enfrentando un problema grave de inasistencia escolar, una problemática que afecta de manera transversal el proceso de formación de los estudiantes, con un énfasis particular en la educación básica.
De acuerdo con los hallazgos del organismo internacional, esta ausencia sistemática de los alumnos en las salas de clases no es un fenómeno aislado, sino que tiene repercusiones directas y medibles en el rendimiento académico. El informe es categórico al señalar que la falta de asistencia se traduce en menores niveles de aprendizaje en áreas fundamentales para el desarrollo intelectual y profesional de los estudiantes, específicamente en las asignaturas de matemáticas, lectura y ciencias. Estas tres dimensiones son consideradas los pilares básicos del conocimiento, y su debilitamiento pone en riesgo el progreso educativo de las nuevas generaciones.
Ante este escenario, diversas voces del sector educativo han comenzado a analizar las causas raíz de este fenómeno. En este contexto, María de la Luz González, Directora Ejecutiva de la Fundación Educacional Oportunidad, ha subrayado la necesidad indispensable de mirar el origen del problema para poder implementar soluciones efectivas. La premisa fundamental es que el hábito de asistir a clases no es una conducta que se adquiere repentinamente al ingresar a primero básico, sino que se construye mucho antes, específicamente durante la etapa de la educación parvularia.
La educación parvularia se presenta, entonces, como el espacio crítico donde se sientan las bases de la responsabilidad escolar. Es durante los primeros años de vida cuando las niñas, los niños, sus familias y las comunidades educativas en su conjunto comienzan a construir la rutina de asistir diariamente a los centros educativos. Este proceso de habituación es vital, ya que permite que el estudiante comprenda que cada jornada escolar no es un evento opcional, sino una oportunidad concreta de aprendizaje, desarrollo personal y bienestar general.
Desde la perspectiva de la Fundación Educacional Oportunidad, promover una asistencia sistemática desde la primera infancia no es solo una cuestión de cumplimiento administrativo, sino una herramienta fundamental para el crecimiento integral. Se argumenta que la presencia constante en el aula durante los primeros años favorece sustancialmente tanto el desarrollo socioemocional como el desarrollo cognitivo del menor. La interacción constante con pares y docentes en un entorno estructurado permite que el niño desarrolle habilidades sociales y mentales que serán la base de todo su camino académico posterior.
Además, fortalecer la asistencia en el nivel parvulario actúa como un mecanismo de protección a largo plazo. Al establecer una cultura de presencialidad desde el inicio, se reduce significativamente el riesgo de que el estudiante caiga en el ausentismo crónico durante las etapas posteriores de su escolaridad. Por esta razón, el impulso de la asistencia en la educación inicial debe ser entendido y ejecutado como una política preventiva. Una política de este tipo es capaz de mejorar drásticamente las trayectorias educativas futuras, evitando que los niños lleguen a la educación básica con lagunas habituacionales que luego se transformen en brechas de aprendizaje.
El análisis derivado del informe de la OCDE funciona como un recordatorio claro y urgente para el sistema educativo chileno. La evidencia sugiere que no se puede esperar resultados óptimos en la educación básica si no se ha trabajado previamente en la base del sistema. El compromiso con la asistencia desde la primera infancia se plantea no solo como una meta pedagógica, sino como una inversión social.
Finalmente, María de la Luz González enfatiza que el camino para revertir los indicadores de inasistencia y mejorar los resultados en lectura, ciencias y matemáticas comienza con la conciencia colectiva sobre la importancia de los primeros años. En palabras de la Directora Ejecutiva, comprometerse con la asistencia desde la primera infancia es, en esencia, sembrar hoy las oportunidades que los estudiantes cosecharán el día de mañana.


