¿Puede una marca legendaria sobrevivir a una crisis de continuidad? Pernambucanas se encuentra en una encrucijada. En marzo, la auditora PwC advirtió sobre una "incertidumbre relevante" en la continuidad operativa de la compañía, señalando pérdidas recurrentes y un capital circulante líquido negativo de 698 millones de reales.
El CEO, Ricardo Doebeli, sostiene que este alerta es solo una fotografía y no la película completa. La empresa arrastra el peso de décadas de disputas familiares entre los herederos de Lundgren y una expansión agresiva y desorganizada que abrió 200 tiendas en cinco años. Esta estrategia, diseñada para atraer capitales que nunca llegaron, dejó una estructura costosa y una financiera, Pefisa, debilitada por créditos concedidos en plazas donde no conocían el comportamiento del consumidor.
Ahora, la orden es volver a lo básico. Doebeli implementa un plan de 433 iniciativas que incluyen gestión detallada de inventarios, precios granulares y el relanzamiento del comercio electrónico. Como medida simbólica y económica, la empresa abandonó su sede en la Avenida Paulista para mudarse a Barra Funda, reduciendo los costos administrativos en más del 40%.
Sin embargo, los números actuales siguen siendo desafiantes. En el primer trimestre, la pérdida neta del sector retail alcanzó los 206 millones de reales, con un margen del 43,8%, todavía lejos del 52% o 55% de competidores como Renner o C&A.
Para sostener la operación, la compañía ha recurrido a estructuras de mercado, como un FIDC de 150 millones de reales para anticipar pagos a proveedores. Aunque el CEO admite que "nadie está tranquilo" y que corren contra el tiempo, se muestra confiado en que el segundo semestre de 2025 sea mejor. El futuro de Pernambucanas dependerá de su capacidad para ejecutar este turnaround y estabilizar su estructura de capital.
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